Hola

Quiero daros la bienvenida a todos los que estáis aterrizando en el Reino de la Mermelada por primera vez. Esta es una ventana abierta a través de la que podéis asomaros a lo que es mi día a día. Si llegáis aquí buscando respuestas o información sobre la leucemia infantil, que sepáis que las respuestas están en vosotros mismos, yo sólo puedo compartir las mías. Agarraos fuerte que vienen curvas.

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sábado, 16 de febrero de 2019

Hijos y paternidades

Creo que estoy adolescente, todo me lo cuestiono, de todo dudo y no se si voy o si vengo, ¡serán cosas de la edad!.
Es obvio que mis hijos son, hoy por hoy la mayor de mis preocupaciones.
- "Disculpa, ¿Cómo que es obvio?"
Pues eso.
No sé si voy a ser capaz de explicar en un post todo lo que me ronda por la cabeza.
Para empezar, yo distingo, porque son las dos con las que batallo cada día, dos formas de entender la paternidad.
Por un lado estamos aquellos que pensamos que los hijos no nos han pedido venir a este mundo y que por tanto, si nosotros hemos decidido tenerlos, tenemos que hacer todo lo posible porque ellos estén bien, sanos y felices. Digamos, sin llegar al extremo, por favor, que estamos para atenderles, al menos mientras estén bajo nuestro cuidado.
Por otro lado distingo a aquellos que opinan que, gracias a su generosidad que han decidido traerlos al mundo, los hijos están aquí y que, por gratitud hacia ese gesto deben estar siempre al servicio y agrado de los padres, los padres son los que merecen toda la atención, porque les regalaron la vida.
Habrá mil maneras intermedias, supongo, pero como os he dicho, estas son las que tengo más cercanas.
Hasta ahí una clasificación. Pero hay otras, que, a mi entender tienen bastante que ver con las anteriores y eso se ve muy claro en las aulas de los colegios.
¡Estoy hasta la coronilla de comprar material escolar!. No puede ser que un boli rojo nuevo del lunes el martes ya no esté en ninguna parte y es así donde empieza la siguiente clasificación. Estamos los padres que, si nuestro hijo nos dice que "se le ha perdido el boli" vamos a buscar un repuesto y están los que si a sus hijos se les pierde el boli les dicen, con todo el cariño que "hubieran tenido más cuidado que ellos no tienen tiempo de ir a por otro".
¿Y que pasa, o qué es lo más frecuente?, que quizás ese segundo niño la primera vez llore, pero a la segunda que le llaman la atención porque le falta el material "lo encontrará" en el estuche del primero.
Es un hecho. Y además es un hecho al que todos los padres vemos una moraleja, unos pensaremos que nuestro hijo es muy listo y otros pensaremos que el hijo del otro va, de listo como sus padres.
Con las prendas de los uniformes pasa igual. He llegado a escribir una carta formal a la dirección del colegio de mis hijos respecto al tema y me contestan, muy educadamente, que "las diferentes formas de organizarse y de gestionar las familias son un asunto que escapa de las competencias escolares". Me lo traducen en que hay niños a los que sus padres, jamás les lavan la ropa (lo hacen las empleadas de hogar) y que, mientras tengan una pieza de cada cosa no se meten en más.
Que hay niños con dos casas, la de papá y la de mamá y que papá no le pregunta a mamá si un polo está en casa del otro mientras tenga los dos que le hacen falta para poner y quitar.
Cuando cualquiera de mis hijos llega a casa con una prenda de ropa que no es suya, la lavo y la devuelvo a objetos perdidos, o, si va marcada (esa es otra) intento que se la entreguen directamente a su dueño.
¡Pero es que toda la ropa de mis hijos está marcada y ya vamos por tres camisetas y dos pantalones de gimnasia este curso!.
Y luego está la aventura de la hora de recogida.
Si sois de los que no vais a por vuestros hijos, os recomiendo que un día, sólo un día, os acerquéis porque hay pocas cosas peores.
En el colegio de mis hijos el sitio para aparcar escasea, por eso, si ellos salen a las 4:15 yo llego hacia las 3:45 para aparcar correctamente, aprovecho el ratito para contestar correos, leer o darle a la lengua con alguna otra madre. Pero claro, "es que no todo el mundo tiene la suerte de poder llegar a esa hora" y llegan a las 4:10 y dejan el coche en doble fila, ¡y en triple fila! y entonces ya está el tema liado, si sólo queda un carril para subir y bajar no hay quien se mueva. Yo he llegado a estar 25 minutos metida en el coche sin poder moverme porque alguien dejó un coche en triple fila y salió a buscar a sus hijos dejando el coche en mitad de la calle durante todo ese tiempo. Y encima no les digas nada porque se hacen los ofendidos.
Ese día que yo bajaba por la calle, acababa de desaparcar e iba por mi carril, correctamente, cuando veo a un ... que arranca el coche desde tercera fila e intenta esquivar al que ha dejado mal el coche delante de él queriendo subir por mi carril de bajada.
Me paré sin más y empezó a increparme que echara para atrás y le dejara pasar. No me inmuté, puse el freno de mano y apagué el coche (contaminar no me pareció buena opción).
Lo que pudo salir de su boca ni os lo imagináis. Mis hijos decía que reculara y yo les dije que no que si sentían vergüenza o tenían miedo (era para tenerlo) que se bajaran. Y no me moví, en 25 minutos que fueron los que tardaron los padres de segunda y tercera fila en coger sus coches y empezar a circular por el carril que les correspondía.
¿Qué les enseñé con eso a mis hijos?, primero a no dejarte avasallar por alguien que no tiene razón, segundo, que se puede ignorar los improperios de cualquier descerebrado (casi siempre) y tercero, que aparcar donde no se debe no sólo te afecta a ti sino a docenas de personas más.
Supongo que los hijos de aquel energúmeno aprendieron un repertorio nuevo de barbaridades si es que no las sabían ya. Y ahí vamos con la moraleja.
Los hijos aprenden modos y actitudes que ven en casa y las reproducen socialmente y a mi me da mucha rabia (y asco) que mis hijos convivan con según qué prototipos de futuras personas. Creí que era la única pero no, últimamente oigo a muchas madres y padres quejarse.
Y ahora es cuando me voy a esta noticia .
Voy a dejar a un lado lo que opino de este tipo, sólo me sirve para reflexionar si tener hijos y traerlos a un mundo que no evoluciona de la manera que a uno le gustaría (en mi caso) eso, que si tener hijos en estas condiciones es buena idea.
¿Es buena idea traer hijos a un mundo cada vez más egoísta e individualista?. No existe la "sociedad" tal y como yo la concibo, de individuos con ideas diferentes o comunes pero cuyo objetivo es avanzar a la vez, no pisarse unos a otros como las ovejas en los rebaños.
Lo siento, me ha quedado demasiado denso y aún así no sé si logro explicarme.

viernes, 9 de noviembre de 2018

¿Cómo que "chocho-charla"?, ¡serán "tonto-pollas"!

Se nos va de las manos señores, nosotros y nosotras tenemos el obligación y la obligación de retornar al sendo, a la senda de la sentida común y el sentido común.
¿No os parece ridículo?, es ridículo.
El lenguaje se inventó para acercar posturas y llegar al entendimiento, no para que sea motivo de discordia y crispación.
Vale que detrás hay un concepto, unos valores, pero ¿verdaderamente creéis que por hablar en femenino las cosas van a cambiar para las mujeres, que va a dejar de haber en algunos casos, una discriminación real?. Hace falta ser muy tonto para pensar así.
No se si soy feminista, creo que me va mejor siendo racional. Tampoco creo que sea machista, insisto en que me basta con mantener la racionalidad.
Si mis hijos pueden hacer lo mismo, ponen la mesa y recogen y sacan la basura y no me fijo en si entre las piernas les cuelga algo o no, la sacan por turnos y punto, eso es ser racional.
Si mis hijos ven eso, eso harán en el futuro y si tienen la oportunidad de tener empleados, serán racionales a la hora de retribuirlos en función de su tarea y no de su sexo, eso es racionalidad y eso no se impone, se enseña, se aprende y se asimila, no hay más.
Que hemos vivido (y aún en algunos casos lo hacemos) en una sociedad machista es un hecho, pero eso no se arregla con "chocho chalas".
Educar hijos hoy en día con tanta gilipollez rodeándonos es una tarea de titanes.

sábado, 11 de agosto de 2018

Prefiero un oso amoroso que un gusano asqueroso

Estamos en un capitulo extra de "El hombre y la tierra", o más bien en "El hombre depilado sobre la tierra".
Vamos a puntualizar, si es que alguien aún no se ha dado cuenta, que soy una persona "antigua","tradicional", normalita vaya y no me gustan según qué costumbres modernas.
Desde hace ya años vengo observando que los hombre imitan a las mujeres en cosas como ponerse pendientes, maquillarse o depilarse.
Ninguna de estas tres cosas me gustan para ellos. Una cosa es cuidarse, que por supuesto me parece básico, cuidar la piel, el pelo, la forma física, la ropa... y otra muy distinta estas "excentricidades".
¿Os habéis fijado en que ahora hay muchos señores que se depilan incluso más que nosotras?. Tenía yo un conocido que decía que jamás se metería en la cama con alguien con más pelos que él y yo lo adapto a mí, no me gusta el roce con un señor que tenga menos pelos que yo.
En el gimnasio es tremendo y eso sólo en la parte que se ve, brazos, piernas, pecho. Pero según me cuenta mi contrario ¡es que en las partes que no se ven es lo mismo!. Es como si ahora se hubiera puesto de moda que todo el pelo que antes se tenía repartido por el cuerpo se llevase ahora en la cara!
Hipsters los llaman.
Pues eso, que a mi no me gustan según qué modernidades y rozar las piernas de mi contrario con sus pelitos me resulta agradable, tanto como rozar las de mi Hada depiladas. A cada cual lo suyo y sin duda, hablando de hombres prefiero un oso amoroso a un gusano asqueroso.
.... Me voy de vacaciones....

lunes, 7 de noviembre de 2016

Clasificando niños

La semana pasada tuve la inmensa suerte de poder quedar con mi querida Lamar a tomar café y además cumplir. Porque quedar, ya habíamos quedado antes y habíamos tenido que suspender la cita. El jueves, aunque con un poquito de retraso llegué a mi café con ella.
Me gusta Lamar, no es un secreto. Es brillante y rápida, ocurrente y sensata. Y sabe escribir. Es mamá luchadora y muy ocupada, quizás por eso tengo tanto en común con ella. El tiempo de charla se pasa volando.
Parloteamos a menudo por Whatsup, casi a diario, pero eso, en ningún caso sustituye un buen directo, aunque a su Coca Cola yo la acompañe con una tila.
Pues eso, que quedamos.
Hablamos mucho, más de lo humano que de lo divino, eso lo dejamos para el siguiente café. Nuestros respectivos quehaceres profesionales ocuparon algo de la charla, pero, como siempre, tiramos al tema hijos y colaterales, entendiento tambien por tales a los padres de las criaturas.
Si mis idas y venidas de estraexcolares me parecían la leche, al lado de las suyas son sólo Tetris básico para aficionados.
Pero ya me he ido del tema.
Hablabamos de los hijos, de lo diferentes que son incluso viviendo con las mismas normas y siguiendo las mismas formas de educación. Fue entonces cuando ella me contó la clasificación que le habían comentado en el cole de sus niños y que me pareció acertadísima: niños redondos y niños cuadrados.
Esperad por favor a la explicación antes de llevaros las manos a la cabeza...
Un niño redondo es aquel al que, dando un empujoncito, ya sea en cualquier materia curricular, como en una actividad lúdica o en una indicación para la vida diaria, pues eso, que dando un leve empujoncito, el niño rueda solo.
Un niño cuadrado es aquel al que empujas y empujas y con gran esfuerzo, suyo y tuyo, logra llegar a la siguiente cara del cuadrado, pero con el que habrá que esforzarse muchísimo de nuevo para lograr pasar a la siguiente cara. Hay que decir, que a fuerza de empujar y empujar, la gran mayoría de estos niños van redondeando aristas y al final ruedan solitos, pero habrá sido a costa de un esfuerzo infinitamente mayor.
Esta clasificación de niños a mí me parece que puede hacerse extensiva, con acierto,a la vida en general.
A algunos, la vida les da un pequeño empujón y su vida va (más o menos sola), mientras que para otros, limar aristas es un esfuerzo diario.
Yo he tenido suerte. Mis hijos, por su forma de ser son niños redonditos, pero la verdad es que veo a mamás pelear mientras empujan niños con aristas pronunciadísimas y me producen una inmensa admiración, aunque, ¿qué no haría una madre por un hijo?.
Muchas gracias por compartir un ratito conmigo Lamar, tengo mucho que aprender de tí.
Y gracias a los que estéis por ahí, dedicando un ratito a este blog, pienso mucho en vosotros.

lunes, 11 de mayo de 2015

Los que gritamos y los que no

Empiezo una nueva etiqueta. Voy a llamarla "Clasificaciones simplistas". Quiero hablar de dos formas de ser, hablar, pensar o comportarse opuestas y lo que opino en cada caso de ellas, ojo, sólo es mi opinión y opiniones hay tantas como personas.
Ahí voy: los que gritan y los que hablan bajito
Yo grito, entendámonos, no grito porque sí, por lo general mi tono de voz es normal. Dicen que hablo rápido, eso no lo sé, pero ya os digo que por lo general no grito.
Toda ese tono normal empieza a alterarse según empiezo a enfadarme y os aseguro que hacerme enfadar es muy difícil.
Me enfado con la gente que, a mi parecer, no tiene educación ni sentido común. Me enfado con mis hijos cuando después de decirles la misma cosa una docena de veces me miran con cara de besugos y me sueltan "mami, ¿decías algo?". Me enfado cuando me toca hacer cola y llega "el listo de turno" y pretende meterse delante de mí. Me cabreo cuando tres coches más adelante en una calle estrecha el conductor se para para que se baje el o la copiloto y se despiden tranquilamente como su la calle fuese suya
Veis, son situaciones frecuentes pero no constantes (salvo lo de mis duendes, claro).
Entonces mi tono de voz empieza a elevarse, me gustaría que no fuera así, pero es así y ya, si quieres verme cabreada de verdad no tienes más que decirme "pero no grites, que el que chilla pierde la razón".
A ver, la razón no se pierde, básicamente porque es múltiple, cada uno tenemos nuestras razones para actuar de una u otra manera.
A mí, la gente que es calmada y que no altera el tono de voz me parecen autómatas, gente con sangre de horchata o un cinismo a prueba de bombas, no puedo con ellos.
Veis, esto es simplemente una clasificación simplista, así que si veis que grito, dejadme gritar sin más, enseguida se me pasa porque no hay refrán más cierto que el de "perro ladrador, podo mordedor".
A algunas de las señoras que hablan bajito, yo las clasifico como "suavonas" (soy sexista en este caso, para los hombres no me vale), son de las que te doran la píldora, te hacen la rosca y te la dan por detrás.
Yo siempre te gritaré de frente, pero nunca hablaré mal de ti, ni siquiera suavecito, a tu espalda.