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Quiero daros la bienvenida a todos los que estáis aterrizando en el Reino de la Mermelada por primera vez. Esta es una ventana abierta a través de la que podéis asomaros a lo que es mi día a día. Si llegáis aquí buscando respuestas o información sobre la leucemia infantil, que sepáis que las respuestas están en vosotros mismos, yo sólo puedo compartir las mías. Agarraos fuerte que vienen curvas.

sábado, 4 de marzo de 2017

La importancia de las palabras ... o el desprecio del mensaje

O lo que es lo mismo, "La preferencia de las formas frente al fondo"
Copio literalmente de Internet:
El Rey sin Dientes.
Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó a llamar a un adivino para que interpretase su sueño.
“¡Qué desgracia, mi Señor!” exclamó el adivino, “cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra Majestad”.
“¡Qué insolencia!” gritó el Sultán enfurecido, “¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!” Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde ordenó que le trajesen a otro adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: “¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada… ¡El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes!”
Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.
Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer adivino. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
“Recuerda bien, amigo mío”, respondió el segundo adivino, “que todo depende de la forma en el decir… uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse”.

¡¡¡¡¿Aprender a comunicarse?!!!

Lo se, soy muy bruta.
Ya os lo he comentado en otras ocasiones, la gente que se queda en las formas y no llega la fondo me saca de mis casillas. Las palabras grandilocuentes y rebuscadas, modernas y de nuevo uso no son lo mio.
Vuelvo a la fábula.
Probablemente, si el Sultán me hubiera llamado a mí, hubiera sido aséptica. Le hubiera contado sin más que cada diente significaba la muerte de un familiar pero no la suya. Y lo hubiera dejado ahí. Ni hubiese dicho "¡Qué desgracia, mi Señor!", ni "Gran felicidad os ha sido reservada" porque, sinceramente, sobrevivir a toda la gente que amas no me parece una felicidad.
Pero a menudo la gente se deja engañar por exclamaciones grandiosas y no mira el fondo del asunto.
Es un hecho, somos una cultura (sociedad) de formas, donde al fondo no se le da la importancia que tiene, porque, no nos engañemos, para llegar a entender el fondo, hay que pensar y pensar no es una cualidad a la que se de importancia últimamente. De hecho, es mucho más fácil mantenernos el el rebaño diciendo "beeee" y que sigamos todos pastando.