Pienso mucho en el perdón. ¿Sabré perdonar?, no se, quizás no, quizás si.
¿He perdonado alguna vez?, sí, por supuesto, he perdonado de corazón, pero me parece que en estos tiempos que vivimos el "perdón" se ha banalizado como cientos de otras cosas, sentimientos y actitudes.
La frase entrecomillada que da título a este post sale de un artículo publicado ayer el EPS sobre supervivientes del corredor de la muerte en EE.UU.
Es un caso que me viene al pelo, por lo extremo de la situación, porque a veces, sólo llevando las cosas al extremo, se puede explicar algo.
¿De qué sirve perdonar?, para las situaciones cotidianas sirve para seguir adelante sin perder más tiempo ni esfuerzos en algo sin más importancia. Alguien te pisa por la calle, sin ninguna intención, quizás por prisa, no se. Te pide perdón y ahí se queda la cosa. Es una acción sin intención, quizás con el resultado de un daño más o menos intenso, pero que se ha producido verdaderamente sin querer. Esa disculpa es suficiente, el perdón es inmediato.
Pero, ¿qué pasa cuando el daño es estudiado, calculado, planificado y celebrado? .
Un asesinato de una banda criminal, pongamos por ejemplo. Se elige el objetivo, se estudia su comportamiento y se actúa, de la peor manera, causando un daño irreparable. Se acaba con una vida, se acaba con un padre de familia, o una madre, o un hermano, o un hijo. Y se acabó.
¿Perdonar?, ¿perdonar al que no pide perdón?, ¿perdonar una acción irreparable sin posible redención?.
¿Tu podrías?. Yo no. Es más, es que no creo que sea necesario perdonar tal acción, ¿alguien de los que ha causado ese dolor se ha arrepentido de veras?, ¿ese arrepentimiento sirve de algo?, no. Entonces, perdonar es un absurdo. A mi, al menos, no me haría sentir mejor.
Ese fiscal del que habla el título de este post, ¿habrá pedido perdón a ese condenado con el que se equivocó, a su familia?, pues puede ser, pero lo más probable es que él siga convencido de que sólo hizo su trabajo.
Y aunque así fuera, ¿el daño es reparable?, ¿habrá intentado repararlo? pues si las respuestas son "no", el perdón es vacío.
Quizás me mueve el resentimiento, no lo sé pero, nadie de los que me han fustigado y acosado a nivel personal por mi decisión de dedicar tiempo a mi familia y han llevado eso a un ataque directo a nivel profesional, ninguno, ni uno solo me ha pedido perdon. ¿Por qué tendría yo que personar?, no, no lo hago.
No perdonar no significa esperar el momento de hacer pagar la afrenta, no, significa que no vas a menospreciar una acción premeditada en la que alguien invirtió su esfuerzo. ¡No debes restarle importancia a su acción!.
No creo ser una mala persona, pero de un tiempo (largo) a esta parte me he dado cuenta de que este indivisualismo en el que vivimos nos hace tremendamente egoístas y si somos lo suficientemente egoístas para dañar al de al lado sin darle más importancia, su perdón, ni se lo pedimos, ni nos lo merecemos.
Perdón por el rollo
"Con un poco de azucar, esa píldora que os dan, satisfechos tomareis" (Mary Poppins)
Hola
Quiero daros la bienvenida a todos los que estáis aterrizando en el Reino de la Mermelada por primera vez. Esta es una ventana abierta a través de la que podéis asomaros a lo que es mi día a día. Si llegáis aquí buscando respuestas o información sobre la leucemia infantil, que sepáis que las respuestas están en vosotros mismos, yo sólo puedo compartir las mías. Agarraos fuerte que vienen curvas.
lunes, 10 de octubre de 2016
viernes, 23 de septiembre de 2016
La maleta para la fiesta del pueblo
Las fiestas de los pueblos son, de lejos, mas importantes que cualquier fiesta de cualquier ciudad.Prueba de ello es el maletón de ropa que se usa.
Yo iba a las fiestas del pueblo, iba cuando tenía pueblo, ahora sólo tengo recuerdos.
Llegado el 20 de Septiembre mi madre me ayudaba a preparar el maletón para ir al pueblo con mis abuelo. Un maletón lleno de ropa de todas clases que os iré contando. Mi abuela revisaba al deshacerla con mucho más ahínco que mi madre y yo al guardarla.
¿Por qué?
Pues porque no fuera a habérsenos ocurrido a mi madre y a mi meter "los pantalones del culo cagao" como ella los llamaba. Eran unos pantalones de esos estilo moro de cuadros madrás preciosos, a juego con una camisa. Eran realmente bonitos y elegantes, de hecho los había comprado para una comunión. Mi abuela los odiaba, me los requisaba y los escondía, no fuera a ser que se me ocurriera ponérmelos, ¡qué pensaría la gente! (...)
Os cuento el "modeleo". Lo más, más, más elegante para el día 24, para la procesión solemne, en la que las ancianas del lugar (viejas pedorras) se quedaban en la iglesia sin pasear a la Virgen no fuera a ser que se quedaran sin sitio para sentarse.
Despues de la procesión y la misa había limonada en la plaza.
Lo segundo más elegante para hoy, día 23, para esperar a que bajaran la imagen de la Virgen del cerro y pasar a saludarla y darle un beso.
Esta noche será el toro de fuego y la pólvora. Sí, la pólvora, que eso de los "fuegos artificiales" suena demasiado a ciudad. Y el baile, Paquito el chocolatero y mucho pasodoble.
Cada día a las 8, la Salve, el 23, 24, 25 y 26. Hay que ir guapa. Y rezar la Salve, y cantar la Salve.
Me encantaba cantar la Salve.
Y luego pasábamos a besar a la Virgen. Ya en los últimos años que fui, las mujeres nos rebelamos contra la tradición de que los hombre pasasen primero y Don Victor, el párroco, ya ni lo decía.
Cada noche baile, y cada mañana, el encierro. ¡Yo corría los encierros!, no, no es que fuera especialmente valiente, es que el toro iba atado, que a la gente le gusta la fiesta pero libre de posibles disgustos. Nunca fui a los toros, no me gustan, mi abuelo era súper aficionado.
Y el día 27, a las 11 de la mañana se sube en procesión al cerro, a decir la misa a la Virgen a las 11:30 y dejarla allí hasta el año siguiente. Para esa subida era el tercer modelito más elegante.
Echo de menos esas tradiciones, pero ya sabéis que cualquier atisbo de religiosidad desapareció de mi vida hace casi 9 años. Aún así me encantaría que mis hijos pudieran vivir algún año esas fiestas, todo el programa no, es muy difícil, pero al menos la pólvora...
Es difícil. La casa de mis abuelos es ahora de un tio mío e ir a una casa rural allí mismo me haría sentir muy rara.
Llevo una semana planeando esta entrada, pero se me hace un nudo en el estómago cuando recuerdo aquellos días, a mis abuelos, mis fiestas con ellos.
Que sean felices fiestas.
PD: la imagen que os he puesto es la de la virgen antigua, de antes de la guerra, una imagen como esa iba siempre en mi cartera.
jueves, 25 de agosto de 2016
"Maruta" por Madrid
"Pero, ¿ a dónde irás, como una cosa maruta?", eso me decía mi abuela Torina, y mi abuelo, y claro, mi madre de rebote. Es una expresión que he oido toda mi vida. Para ellos significaba ¿dónde vas como una vagabunda sola por ahí?.
He buscado en el diccionario de la RAE el significado y tal palabra no existe, como aproximación aparece "marota" que en México significa "marimacho" y no es esa la idea.
Bueno, pues yo he estado cual "cosa maruta" toda la semana, vagabundeando sola por Madrid.
Como ya os comenté en la entrada anterior se me cae la casa encima, no soporto este silencio, así que salgo mucho y aprovecho para hacer miles de cosas. La verdad es que "maruta" o no, me gusta hacer cosas sola fuera de casa, voy a mi rollo, a mi ritmo, sin nadie que me meta prisa ni que me diga, "jo, qué rollo mami, vámonos ya", como dice el refrán, el buey solo...
Reparto el tiempo entre tareas varias de mamá y ama de casa y asueto personal.
El lunes decidí que era buen día para ir al súper, he rellenado la despensa que falta hacía, papel higiénico y de cocina, pasta, congelados y artículos de baño, gel, champú y esas cosas. También me compré gazpacho para estos días, pereza que me dio hacerlo. Lo que sí que hice fue puré de calabacín con quesitos, por alternar.
El martes tenía entrada para ver la exposición el "El Bosco" en el museo del Prado. ¿Os cuento un secreto?, si tuviera tiempo y mi familia fuera más amiga de ello, no dejaría pasar ni un mes sin visitar el Prado, es de mis sitios favoritos de Madrid.
La verdad es que fue todo un lujo, salí de trabajar y me fui en coche, aparqué prácticamente en la puerta de Goya, genial. Pasé por taquilla para canjear mi entrada (la había comprado con tarifa reducida de familia numerosa y el paso por ahí es obligado) y entré a las 3:30, con mi audioguía y mi folleto explicativo.
Me gustó mucho y eso que tengo que deciros que el Bosco no es, ni de lejos, mi pintor favorito. La exposición de Velazquez que organizó el Prado en 1990 sí que fue para no perdérsela y poder contarlo.
A lo que vamos, ver con detalle la exposición completa me llevó una hora y casi media. Al salir, no pude, no pude irme sin ir a visitar a "los mios". Subí a la primera planta y sin apenas pararme di un paseo por El Greco (mi favorito desde siempre), Velazquez, Ribera y Rubens, también pasé por Goya, me parecía feo irme sin decirle hola.
De ahí volví a casa y luego a pasear con una amiga durante hora y media.
El miércoles decidí repartir el tiempo. Había pedido hora para una pedicura, de ahí fui a la carnicería y me pasé la tarde entera cocinando.
Es ya una tradición para mi, siempre que me toca estar sola una semana aqui aprovecho y guiso cosas que puedo congelar, lasagnas, albóndigas, alguna carne estofada, así, la semana que viene cuando vuelva tengo de donde tirar.
Hoy era mi última tarde de Rodríguez, mañana, si todo sale como debe, a esta hora estaré de nuevo con mis duendes y mi contrario en la playa.
No tenía muy claro qué hacer y me acordé que mi Hada me había dicho que "quiere hacerse un kaftan", ¡toma ya!, me parece que ve demasiados videos de Sylvia Salas (la encuentro un poco fefa pero muy entretenida). En concreto se fijó en este video y quería probar.
Con tan feliz escusa salí de trabajar, volví a casa a comer y me fui hacia las cinco a Sol en Metro. De ahí subí andando a la calle Atocha, que hay un montón de tiendas de telas. Buscaba algo como ella me había dicho, en marino con algún dibujo o blanca con flores menudas en rojo. Iba haciendo fotos y mandándoselas. Al final en Rives y Casals, que es una tienda de toda la vida, encontré esta viscosa azul con estampado blanco que fue la elegida. También pesó en la elección que el precio del metro, doble de ancho rondaba los 4,50€, así que el riesgo de que acabe en la basura me pareció asumible. Para rematar compré biés del mismo tono y, como ella no pretende coser, compré fiselina para pegar la tela. A ver, yo creo que va a quedar mejor si lo cosemos, pero será su kaftan y ella decidirá.
Volví sobre mis pasos y bajé por Carretas hasta Sol, de ahí subí por Montera hacia Gran Vía y pensé que ya que estaba allí, iba a pasarme por Primark
He vuelto a hacerlo, ya os he dicho que la ropa de Primark no me gusta, salvo algún pijama de algodón y algo de ropa interior también de algodón para los chicos, pero ¡ay las chorradas que hay!. He comprado luces led para Halloween con esqueletos y calabazas y más luces de led con mariposas y libélulas. Lo sé, no tengo solución.
Saliendo de Primark tomé a la izquierda para subir por Fuencarral, madre mía como estaba de gente y sube, sube, sube, Fuencarral, Bravo Murillo y sube más, que total ya me fui a casa andando.
He caminado tres horas y media, desde que salí del metro hasta que llegué a casa. Runtastic marca, desde Sol a la vuelta, 6 kilómetros y 200 metros, una hora a buen ritmo, la verdad.
Llegué hacia las 9. Ya me he duchado, puesto la lavadora y tendido, cenado y preparado la bolsa para mañana salir disparada desde la oficina hasta el tren.
Mi semana de Rodríguez se acabó y al menos sé que le he aprovechado (y disfrutado), que no es poco
He buscado en el diccionario de la RAE el significado y tal palabra no existe, como aproximación aparece "marota" que en México significa "marimacho" y no es esa la idea.
Bueno, pues yo he estado cual "cosa maruta" toda la semana, vagabundeando sola por Madrid.
Como ya os comenté en la entrada anterior se me cae la casa encima, no soporto este silencio, así que salgo mucho y aprovecho para hacer miles de cosas. La verdad es que "maruta" o no, me gusta hacer cosas sola fuera de casa, voy a mi rollo, a mi ritmo, sin nadie que me meta prisa ni que me diga, "jo, qué rollo mami, vámonos ya", como dice el refrán, el buey solo...
Reparto el tiempo entre tareas varias de mamá y ama de casa y asueto personal.
El lunes decidí que era buen día para ir al súper, he rellenado la despensa que falta hacía, papel higiénico y de cocina, pasta, congelados y artículos de baño, gel, champú y esas cosas. También me compré gazpacho para estos días, pereza que me dio hacerlo. Lo que sí que hice fue puré de calabacín con quesitos, por alternar.
El martes tenía entrada para ver la exposición el "El Bosco" en el museo del Prado. ¿Os cuento un secreto?, si tuviera tiempo y mi familia fuera más amiga de ello, no dejaría pasar ni un mes sin visitar el Prado, es de mis sitios favoritos de Madrid.
Me gustó mucho y eso que tengo que deciros que el Bosco no es, ni de lejos, mi pintor favorito. La exposición de Velazquez que organizó el Prado en 1990 sí que fue para no perdérsela y poder contarlo.
A lo que vamos, ver con detalle la exposición completa me llevó una hora y casi media. Al salir, no pude, no pude irme sin ir a visitar a "los mios". Subí a la primera planta y sin apenas pararme di un paseo por El Greco (mi favorito desde siempre), Velazquez, Ribera y Rubens, también pasé por Goya, me parecía feo irme sin decirle hola.
El miércoles decidí repartir el tiempo. Había pedido hora para una pedicura, de ahí fui a la carnicería y me pasé la tarde entera cocinando.
Es ya una tradición para mi, siempre que me toca estar sola una semana aqui aprovecho y guiso cosas que puedo congelar, lasagnas, albóndigas, alguna carne estofada, así, la semana que viene cuando vuelva tengo de donde tirar.
Hoy era mi última tarde de Rodríguez, mañana, si todo sale como debe, a esta hora estaré de nuevo con mis duendes y mi contrario en la playa.
No tenía muy claro qué hacer y me acordé que mi Hada me había dicho que "quiere hacerse un kaftan", ¡toma ya!, me parece que ve demasiados videos de Sylvia Salas (la encuentro un poco fefa pero muy entretenida). En concreto se fijó en este video y quería probar.
Volví sobre mis pasos y bajé por Carretas hasta Sol, de ahí subí por Montera hacia Gran Vía y pensé que ya que estaba allí, iba a pasarme por Primark
Saliendo de Primark tomé a la izquierda para subir por Fuencarral, madre mía como estaba de gente y sube, sube, sube, Fuencarral, Bravo Murillo y sube más, que total ya me fui a casa andando.
He caminado tres horas y media, desde que salí del metro hasta que llegué a casa. Runtastic marca, desde Sol a la vuelta, 6 kilómetros y 200 metros, una hora a buen ritmo, la verdad.
Llegué hacia las 9. Ya me he duchado, puesto la lavadora y tendido, cenado y preparado la bolsa para mañana salir disparada desde la oficina hasta el tren.
Mi semana de Rodríguez se acabó y al menos sé que le he aprovechado (y disfrutado), que no es poco
lunes, 22 de agosto de 2016
Veraneando 2016
Estoy de veraneo. Bueno ahora no, casi, pero no.
Salimos camino de la playa el día 6 sábado, a Benidorm, con los santos padres, los míos. Esa primera semana mi contrario trabajaba, así que el domingo fuimos a despedirle a la estación y nos dispusimos, los duendes y yo a pasar unos días "relajados" (ja) en la playa.
No se si es la edad (la mía y la de ellos), la forma de ser y la transigencia, que va decreciendo con la edad, pero este año, los 12 días que he estado con mis padres se me han hecho eteeeeeeeernos y no para bien. Ya sé que "ellos saben mucho mejor que yo lo que les conviene a mis hijos", que cebar a los nietos es labor de todo abuelo español de bien, pero ¡madre del amor hermoso, qué trifulcas todo el día!, por todo. Y encima a los duendes les parece graciosísimo vernos discutir a mis padres y a mi, les parece hasta cómico.
Tengo que replantearme estas vacaciones que llevo haciendo los 44 años que tengo, he llegado al punto de padecerlas y no disfrutarlas y eso no es bueno, no ni para mi, ni para mis hijos, ni para mis padres.
De Benidorm pasamos, como siempre también, a la Costa Brava, que tan llena de gente como está siempre y me parece que hace frío por el vacío que dejó Mónika. En cada esquina de Sant Feliu la imagino.
La segunda parte del veraneo es capítulo aparte.
Si ya en ocasiones sobrellevar a la familia propia que nos tocó en suerte es difícil, no quiero contaros lo que puede ser soportar a la ajena, de la que sólo elegiste a un miembro y todos los demás te cayeron de rebote.
Sé que soy difícil, y cada vez más, pero creo sinceramente que es por el exceso de ocasiones en que he cedido, en todo, la gente se acostumbra y cuando dices un educadísimo "no, gracias" se lo toman como una afrenta personal.
Pero estoy mejor, me siento más fuerte, algo más recuperada, algo más parecido a ese yo que fui hace años y no voy a volver para atrás. Siento no poder seguir siendo el comodín de todos, prefiero sinceramente ser el mío propio. Asi que ahi vamos, conviviendo que es gerundio, en ocasiones de difícil cumplimiento, pero voy, vamos (algo de mérito hay que reconocer al resto) sobreviviendo.
Lo malo es que, gracias a este trabajo mío, esta semana me toca estar de Rodríguez en Madrid, trabajando y se me cae la casa encima, sin duendes, sin contrario, sin ruido, con orden, es sólo una casa y no un hogar. Ya falta menos para el vienes, en que volveré a la playa aunque sea sólo por un par de días.
Ya tenemos Septiembre encima, el tiempo corre que vuela y me quedan bastantes cosas que preparar y cuadrar antes de que los duendes empiecen el colegio.
Pero aquí estoy, contandoos un año más que he podido pasear por mi playa de Poniente, que me he tumbado al sol (ratitos cortos), que hasta me he comido algún que otro helado y que, lo más importante, mis duendes están disfrutando un montón que es al fin y al cabo lo que más me importa.
Siento un escalofrío cuando pienso que este mes de Junio ya no hemos hecho la revisión semestral de oncología de mi Sol, él ni se acuerda, pero yo aún tiemblo.
Me gusta el verano.
Salimos camino de la playa el día 6 sábado, a Benidorm, con los santos padres, los míos. Esa primera semana mi contrario trabajaba, así que el domingo fuimos a despedirle a la estación y nos dispusimos, los duendes y yo a pasar unos días "relajados" (ja) en la playa.
No se si es la edad (la mía y la de ellos), la forma de ser y la transigencia, que va decreciendo con la edad, pero este año, los 12 días que he estado con mis padres se me han hecho eteeeeeeeernos y no para bien. Ya sé que "ellos saben mucho mejor que yo lo que les conviene a mis hijos", que cebar a los nietos es labor de todo abuelo español de bien, pero ¡madre del amor hermoso, qué trifulcas todo el día!, por todo. Y encima a los duendes les parece graciosísimo vernos discutir a mis padres y a mi, les parece hasta cómico.
Tengo que replantearme estas vacaciones que llevo haciendo los 44 años que tengo, he llegado al punto de padecerlas y no disfrutarlas y eso no es bueno, no ni para mi, ni para mis hijos, ni para mis padres.
De Benidorm pasamos, como siempre también, a la Costa Brava, que tan llena de gente como está siempre y me parece que hace frío por el vacío que dejó Mónika. En cada esquina de Sant Feliu la imagino.
La segunda parte del veraneo es capítulo aparte.
Si ya en ocasiones sobrellevar a la familia propia que nos tocó en suerte es difícil, no quiero contaros lo que puede ser soportar a la ajena, de la que sólo elegiste a un miembro y todos los demás te cayeron de rebote.
Sé que soy difícil, y cada vez más, pero creo sinceramente que es por el exceso de ocasiones en que he cedido, en todo, la gente se acostumbra y cuando dices un educadísimo "no, gracias" se lo toman como una afrenta personal.
Pero estoy mejor, me siento más fuerte, algo más recuperada, algo más parecido a ese yo que fui hace años y no voy a volver para atrás. Siento no poder seguir siendo el comodín de todos, prefiero sinceramente ser el mío propio. Asi que ahi vamos, conviviendo que es gerundio, en ocasiones de difícil cumplimiento, pero voy, vamos (algo de mérito hay que reconocer al resto) sobreviviendo.
Lo malo es que, gracias a este trabajo mío, esta semana me toca estar de Rodríguez en Madrid, trabajando y se me cae la casa encima, sin duendes, sin contrario, sin ruido, con orden, es sólo una casa y no un hogar. Ya falta menos para el vienes, en que volveré a la playa aunque sea sólo por un par de días.
Ya tenemos Septiembre encima, el tiempo corre que vuela y me quedan bastantes cosas que preparar y cuadrar antes de que los duendes empiecen el colegio.
Pero aquí estoy, contandoos un año más que he podido pasear por mi playa de Poniente, que me he tumbado al sol (ratitos cortos), que hasta me he comido algún que otro helado y que, lo más importante, mis duendes están disfrutando un montón que es al fin y al cabo lo que más me importa.
Siento un escalofrío cuando pienso que este mes de Junio ya no hemos hecho la revisión semestral de oncología de mi Sol, él ni se acuerda, pero yo aún tiemblo.
Me gusta el verano.
No me salves...
¿Quién te ha dicho que necesito que me salven?, es más ¿por qué supones que debo ser salvada y de qué debo salvarme, de mí misma?.
No, no lo necesito, estoy bien como estoy, y si en ocasiones no lo estoy tanto hago el esfuerzo y me recompongo.
De hecho me encuentro bastante recompuesta desde el año pasado por estas fechas.
¿Cómo que no te lo crees?, me importa un bledo lo que tu creas o dejes de creer. Me ha costado mucho llegar a donde estoy ahora para que me vengan con tonterías de "la teoría del avestruz", no escondo la cabeza de nada ni de nadie, no me hace falta.
¿No me digas que piensas empezar ahora con la chorrada esa de la zona de confort?. Yo no estoy en mi zona de confort, ¡ójala!, pero no, mi suelo baila la conga a un ritmo que no quieras ver, de hecho, con que bailara el vals ya me sentiría más segura así que no me vengas con eso de salir de la zona de confort, lo que tenéis que hacer los que tantas recomendaciones dais es salir, sí pero de entrometeros en la vida de los demás.
Este diálogo no es conmigo misma, es un grito callado a todos aquellos que se creen en la obligación de arreglar las vidas de los demás. Gracias, de verdad, se que algunos, no todos, lo hacéis con la mejor intención, pero de verdad que no lo necesito, siempre que he necesitado ayuda he sabido cuándo y a quién pedírsela, así que no no preocupéis por mí, en serio.
A veces creo que es una verdadera lástima que nadie de mi familia ni de la gente que me rodea a diario sepa de este blog, con esta perorata me hubiera ahorrado un montón de sermones.
Estoy bien, palabra.
No, no lo necesito, estoy bien como estoy, y si en ocasiones no lo estoy tanto hago el esfuerzo y me recompongo.
De hecho me encuentro bastante recompuesta desde el año pasado por estas fechas.
¿Cómo que no te lo crees?, me importa un bledo lo que tu creas o dejes de creer. Me ha costado mucho llegar a donde estoy ahora para que me vengan con tonterías de "la teoría del avestruz", no escondo la cabeza de nada ni de nadie, no me hace falta.
¿No me digas que piensas empezar ahora con la chorrada esa de la zona de confort?. Yo no estoy en mi zona de confort, ¡ójala!, pero no, mi suelo baila la conga a un ritmo que no quieras ver, de hecho, con que bailara el vals ya me sentiría más segura así que no me vengas con eso de salir de la zona de confort, lo que tenéis que hacer los que tantas recomendaciones dais es salir, sí pero de entrometeros en la vida de los demás.
Este diálogo no es conmigo misma, es un grito callado a todos aquellos que se creen en la obligación de arreglar las vidas de los demás. Gracias, de verdad, se que algunos, no todos, lo hacéis con la mejor intención, pero de verdad que no lo necesito, siempre que he necesitado ayuda he sabido cuándo y a quién pedírsela, así que no no preocupéis por mí, en serio.
A veces creo que es una verdadera lástima que nadie de mi familia ni de la gente que me rodea a diario sepa de este blog, con esta perorata me hubiera ahorrado un montón de sermones.
Estoy bien, palabra.
martes, 2 de agosto de 2016
Cuarenta años persiguiendo un olor
Me acuerdo de la canción aquella de los Hombres G que decía "no soporto a las niñas que todas las canciones les recuerdan algo". Summers y compañía no me soportarían, porque a mi hay muchas canciones que me recuerdan cosas y hay muchos olores que me transportan a otros sitios y épocas.De eso quiero hablaros.
Hay un olor que me transporta a mis 4 o 5 años. Estoy sentada en una mesa, con mi señorita de parvulario. No se como es ella, no recuerdo su nombre ni su cara, ¡sólo recuerdo su olor!.
Lo huelo y veo la antigua cartilla de lectura de Palau y me veo y me siento allí, a su lado, y leo, A, E, I, o U.
De eso hace 40 años.
No sabía qué perfume era el suyo, de hecho sigo sin saberlo, si alguna pudierais ayudarme os lo agradecería, porque debo estar cerca, muy cerca de encontrarlo.
Es un olor floral, persistente.
Durante muchos años me cruzaba con señoras por la calle e inmediatamente su olor me trasladaba a mi guardería. Nunca tuve oportunidad. ni creí oportuno, asaltar a aquellas mujeres por la calle y preguntarles por su colonia.
Al cabo de muchos años, como 22 o así, me pareció que "Blu" de Montana podría ser aquella colonia. La compré y la usé durante muchos años. Ahora, cuando la huelo me encuentro a mi misma en el hotel de Uruguay donde me alojaba cuando trabajé allí en 1999, pero esa es otra historia.
Se daba un aire, pero no era.
Años después, de eso hará como cinco, al reencontrarme con una antigua compañera de colegio y besarla volví a mi niñez. Entonces sí tuve la oportunidad de preguntar qué perfume era, Maroushia me dijo. Y corrí a comprarla.
En esta ocasión es cierto que me acerqué mucho al olor que buscaba, pero era demasiado persistente, no es ese mi objetivo. Esa la regalé, pero seguí buscando.Hace año y medio, hablando con una mamá del cole de mis hijo volví a juntar las letras hasta formar palabras, como en aquella cartilla de Palau. La palabra encontrada fue "Iris" de Prada.
Después de tres intentos esta ya no la compré, pero en cada perfumería por la que pasaba pedía una muestra.
Investigué. El lanzamiento de ese perfume fue en 2008, así que definitivamente no es aquel que usaba mi seño de entonces, pero sí me quedó claro que debía ser una colonia cuyo olor principal fuese el del iris,
quizás con algo de cedro.
No sé cual era aquella colonia, si alguna tiene media idea me haría una tremenda ilusion saberlo, pero por mi cumpleaños me han regalado Iris, de Prada y de repente vuelvo a aprender a leer cada mañana.
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