Resumo, nada que rascar.
Es verdad que estoy parca en gastos, no tengo vida social alguna que me requiera de cambios de outfit continuos y tampoco tengo ganas de complicarme la vida. Recuerdo hace años, no tantos, cuando me sabía de arriba a abajo el catálogo de Zara y me da hasta risa.Tan despistada estoy que puse la cita del dentista de mi Hada y mi Sol ese viernes a primera hora, no me di cuenta de que mi Hada quería ir de compras. Bueno, pues fuimos, más tarde de lo normal pero fuimos. En el radar, poco, un par de zapatillas Spezial para mi Garbanzo, unos vaqueros para él que prometían estar rebajados, pantalones cargo para mi Sol, que no tenían descuento, un pijama amoroso para mi Hada y, si podía ser, unos pantalones cómodos, calentitos y gustosos para mí.
No pudimos aparcar en El Corte Inglés porque el parking estaba completo, pero no se nos dio mal. Tuvimos la suerte de que las zapatillas estaban con el 30%, así que las cogimos, de ahí a Zara. Los vaqueros que estaban rebajados sólo quedaban el la calle Preciados, ni siquiera on line, ¡ni de coña estaba dispuesta a ir al centro!, nada, los cogí sin rebaja, también los "cargo". De ahí a Woman Secrets a por el pijama que sí no salió muy bien de precio. En Zara no vi pantalones que me gustaran, en realidad sólo vi a mil millones de personas revolviendo y haciendo cola, así que nos fuimos a Uniqlo. Me probé unos pantalones que estaban súper rebajados pero eran cortos ya de por sí y yo soy más alta que la media así que me quedaban demasiado cortos. Tiré por los básicos de corte masculino, fenomenales pero sin rebaja. Mi Hada me convenció para comer con ella fuera de casa y así hicimos. Fue un día intenso. Me acuerdo cuando pasaba tooooodo el día arriba y abajo de compras y me pregunto como lo aguantaba.
Pues hasta aquí mis compras de Black Friday, cada día mas convencida de que no quiero salir de casa y que no me interesa nada más allá de mi familia más cercana.
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