Hola

Quiero daros la bienvenida a todos los que estáis aterrizando en el Reino de la Mermelada por primera vez. Esta es una ventana abierta a través de la que podéis asomaros a lo que es mi día a día. Si llegáis aquí buscando respuestas o información sobre la leucemia infantil, que sepáis que las respuestas están en vosotros mismos, yo sólo puedo compartir las mías. Agarraos fuerte que vienen curvas.

lunes, 28 de febrero de 2011

No serán cinco horas contigo.


Será toda una vida, la que ya fue y la que vendrá.
Mis veranos contigo, al fresco del patio mirando las estrellas en un cielo oscuro como boca de lobo y oliendo a cerdo, un olor que se me antojaba incomparable.
Yo solía usa una tumbona tapizada con grandes flores naranjas que mamá había comprado embarazada de mí.
Marian, la vecina contaba historias de cuando erais jóvenes y yo reía rodeada de abuelos. Pasaron los años y algunos días cambiaba las viejas aventuras nocturnas por paseos con los amigos. “Hija, que no te vean en sitios oscuros con ningún chico, que aquí la gente no es como en Madrid”. Te quedabas preocupada hasta que a las doce, como tarde, cruzaba el portón del patio.
Yo sabía que el abuelo y tú estabais despiertos pero apuraba para no hacer ruido al subir las escaleras. Y dormía tranquila en la cama azul con colchón de lana y vosotros amanecíais con el sol, antes de la siete salíais a pasear hasta la media legua camino del pueblo vecino. Algunas tardes, al bajar el sol ardiente de agosto repetíamos el paseo, acompañados de Marian y su marido y yo aprovechaba a coger moras tempranas y a escuchar batallas de cuando por el pueblo pasaba un coche de tarde en tarde y el coche de línea cada dos días.

Toda una vida que se fue, que se ha ido y que aún así se quedará siempre en mis pensamientos.
Esa rutina era una parte importante de mis veranos, días en los que las horas duraban noventa minutos, donde la prisa no existía. Veranos de cortes de agua, del canto en la plaza y subidas al cerro, a ver a la Virgen, cada día y tocar la campana. Los veranos contigo abuela, con el abuelo, esos veranos que me harán recordar que mis orígenes están en un pueblo árido y pedregoso de los Montes de Toledo.

viernes, 25 de febrero de 2011

Nos vamos al pueblo abuela

Todos juntos, acompañándote. El abuelo te espera, allí te quedarás con él, mirando al cerro, allí aremos a veros. Te quiero abuela.

jueves, 24 de febrero de 2011

Cumpleaños

Querido abuelo, casi tres años sin ti y tu presencia es tan cierta como lo fue siempre. No me hace falta saber que hoy es tu cumpleaños para tenerte en mis pensamientos.
Creo que preparamos un viaje, aunque la maleta aún pesa demasiado, ya sabes que la abuela siempre arrastra exceso de equipaje.
Tiene fiebre, dicen que no ve, que no oye, que no sufre, pero yo sé que sí. Yo la hablo, la mimo, la acaricio y sé que me oye y me dice que no quiere irse.
Y en realidad yo no quiero que se vaya, aunque tampoco quiero verla así. Todos están agotados, son muchos días de tirar adelante a trancas y barrancas y ella supongo que también lo está.
Ya no pelea, no quiere quitarse las vías, no vuelve la cabeza para zafarse de la mascarilla, no es ella.
Y yo quiero a mi Torina, la quiero con su genio, la quiero eterna y sé que no puede ser y en realidad yo se que es ley de vida y que su ciclo se acaba, pero me siento egoísta pensando en que debería acabarse ya, no dar más treguas.
Preparo el viaje en mi mente, antes de que ocurra, ya sabes que siempre me gusta estar preparada.
Feliz cumpleaños abuelo, te quiero.

lunes, 21 de febrero de 2011

Yo soy de ese 4%

No estoy asustada, ya me asusto de poco, pero esta noticia es como para estarlo
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/20/espana/1298198338.html
La conciliación de la vida familiar y la laboral es una pantomima de la que todos hablan y pocos practican y digo pocos por concederme el beneficio de la duda de que alguien lo haga.
Es un hecho que la notificación en tu empresa de un embarazo (sobre todo si no es el primero) cae como un jarro de agua fría. Yo tuve que aguantar que mi exjefa me dijera lindezas como “cómo has tenido la poca vergüenza de quedarte embarazada, ¿quién va a querer cargar contigo ahora?, porque lo que está claro es que no eres más que un estorbo. A una persona que se dedica a tener hijos año sí y año no, no se la puede tener en cuenta para nada…”.
En España pita mucho eso de “trabajar” hasta las 9 de la noche. Yo lo he hecho, quiero decir, cuando no tenía hijos lo hacía y, no nos engañemos, unos trabajan y otros calientan la silla, pero hay que estar ahí, que el jefe te vea, que sepa que estás dispuesto a no dormir, a ni vivir y a no comer si hace falta por estar a su lado siempre que te silbe.
Voy a romper una lanza a favor de estos que nos arrinconan. No es cierto que tener hijos bloquee tu vida laboral, en absoluto, lo que lo hace es ocuparte de ellos.
Nadie te pondrá un problema si dejas a tus hijos a cargo de quien sea y haces la jornada laboral “normal”, para todos serás una súper mamá que se mata a trabajar para que a tu prole no le falte de nada.
Sólo que les faltas tú, que eres lo más importante para ellos.
En fin, que lo dejo ya, porque me pongo de una mala leche…

jueves, 17 de febrero de 2011

Guardando sueños

No hay vuelta atrás, las circunstancias son las que son, mi edad empieza a ser un problema y, bueno, ya tengo tres hijos, tener uno más será el sueño que no cumpliré.
La cuna de viaje sigue abierta en casa, la misma que usaron mis hijos es ahora de Elena, pero ya no tiene sentido tener al retortero un montón de juegos de sábanas, al fin y al cabo su uso es residual, sólo aquellos días en que Elena, por la razón que sea no va a la guardería, así que el fin de semana las recogí.
Una a una las doblé, las acaricié y las guardé con mimo, no sin antes hacer mil y una fotos para poder enseñároslas. Voy a dividirlas en cuatro categorías:

* Las sábanas maravillosas que bordó mi madre.
* Otras sábanas que compré yo o me regalaron.
* El juego de sábanas que hice yo.
* Juegos de sábanas de ensueño que compré a mi pequeño garbanzo.

Más de tres años esperando un bebé. Tenía claro cómo lo quería todo, y ese todo era exactamente como lo fue conmigo.
Mi cuna de metal no cumple ninguno de los requisitos de seguridad modernos, pero eso es solucionable. Con una buena chichonera fuerte que cubriera al 100% todos los barrotes me aseguraba de que mi hada no pudiese meter su pequeña cabeza entre ellos. Además, la chichonera se cubría con estas preciosas vestimentas de cuna llenas de pasacintas. Cuando mi madre las compró para mí, las cintas eran beige, yo las cambié y las puse azules.


Mi cuna tiene dosel, con un enorme lazo que cae, es tan bonita…

Las sábanas maravillosas que bordó mi madre merecerían un libro entero, no las hay iguales y no las habrá en la historia del mundo. Son perfectas en todo, en el detalle, en el primor con el que están bordadas, con bastidor, la trasera del bordado es exactamente igual de preciosa y precisa que el delantero.

Empezaré por la que nunca usó mi hada, esta:

Está claro por qué nunca la usé, Dios no me la enviaba y sí una FIV, otros duros tratamientos y tres años de espera.

Cuando mi hada nació puse en su cuna, mi cuna, estas preciosas sábanas amarillas con ardillas bordadas.


Pero no era suficiente. Elegir unas igual de maravillosas para el cuco, el que iba a utilizar en su primera llegada a casa, fue difícil, se ve que el conejito flautista y su música, que nadie más que yo puede oír, me convencieron.

Elegidas esas primeras, usar las demás fue cuestión de tiempo. Esta azul de tira bordada me gusta especialmente, la encimera es un poquito más grande que la de los otros juegos.

De las más delicadas, por lo diminuto de sus bordados son estas dos: esta blanca con los bordados en gris claro

Y esta otra de flores menudísimas en azul.

Por si mi hada no iba ya más que servida, mami se encargó de hacerse con más sábanas. De su papá disfrutó estas, no se aprecia bien, pero son muy simpáticas con unas margaritas muy pequeñas hechas a mano.


Miré muchísimo. Teniendo tantas y tan bonitas me fue difícil encontrar algo a la altura y lo encontré donde menos lo esperaba, en el Carrefour, de allí son estos dos juegos, uno con bodoques rosas y otro con bodoques azules.



Unas amigas me regalaron este juego de El Corte Inglés para el coche de paseo, no me vuelve loca, pero le tengo cariño.



Pasé muchos años esperando un bebé, en ese tiempo pude bordar en nido de abeja el faldón de bautizo para la hija de una amiga, hacer millones de baberos de punto de cruz y terminar este juego de sábanas, no es ni de lejos el más bonito pero sí en el que más amor puse en mi vida.


Mi hada y mi sol se llevan exactamente 18 meses, no hubo tiempo de renovar el ajuar entre uno y otro, ni tiempo ni necesidad, así que el pobre estrenó ropita, algún que otro babero y poco más.

Estaba recién embarazada de mi garbanzo cuando me fui de viaje a Vietnam y ¡me volví loca!, había tantas cosas para bebés y todas tan preciosas que no podía parar de abrir el monedero, además, los precios eran cualquier cosa menos disuasorios.
Supongo que porque mi embarazo coincidía en fecha con el de mi hada, siempre pensé que era otra niña. Cada vez que encontraba algo le decía a mi contrario: “cariño, esto para Carolina” y él fruncía el ceño y decía: “Carolina no”, no le gustaba.
Pero yo compraba cosas y más cosas para Carolina.
El juego de sábanas más divertido es este, representa una típica boda Vietnamita, en el centro los novios, a su izquierda llegan campesinos con regalos del campo y a la derecha se cocina un marrano para el convite.


Luego compré estas otras, preciosas pero imposibles para planchar, hilo puro beige subido bordado a mano.


Esta blanca de flores bordadas estaba lista para el envío a un distribuidor en España, La Cuca, si hasta lo pone en la etiqueta, pero yo lo compré allí.

Y dejo para el final mis favoritas, estas de algodón finísimo bordadas en un beige casi marrón que enamoran según las ves. De estas compré dos juegos.

Cuando llegamos a Vietman recibí un sms de una amiga que me comunicaba que su tercer hijo estaba en camino, fue un niño muy buscado, durante más de tres años y que al final llegó al mundo gracias a un tratamiento de fertilidad, para él fue ese segundo juego.
Cuando terminé de guardarlas todas en la caja necesitaba encontrar algo con qué cubrirlas y ahí estaba, el cobertor de mi coche de paseo.

Cuando recupere el ánimo intentaré hacer fotos de todos y cada uno de los baberos, capas de baño, toallas, fundas de chupete, fundas de biberón y otros millones de cosas que bordé para mis duendes, si olvidarme por supuesto del faldón de bautizo de mi hada, sí, al final tuve la inmensa suerte de poder bordar uno para mí, bueno, para ella.

martes, 15 de febrero de 2011

¡6 semanas!

Mi sol tenía hoy su primera revisión post- tratamiento.
Hay que limpiar el port-a y hacer analítica para ver cómo va su cuerpo respondiendo a la vuelta a la normalidad sin quimioterapia.
Yo pensé que la de hoy sería una analítica básica y que en una hora estaría en el cole, pero no ha sido así. Han hecho una revisión muy completa, con ferritinas, y marcadores de funciones hepáticas y renales, así que la cosa ha ido para largo.
Mientras escribo esto debe estar llegando al cole, más feliz que un regaliz, los resultados más básicos que son los que de momento tenemos son estupendos aunque no puedo evitar un escalofrío cuando veo los linfocitos por encima de 1000 (llegan a 1.400), pero la doctora dice que ese límite era forzado por la quimioterapia y que no se corresponde a una situación normal.
El resto de resultados los recogeré en consulta el día 3 de marzo y la próxima visita al hospi, para limpiar el port-a y hacer analítica básica será el 29 de Marzo.
¡ 6 semanas! ¿Y cómo controlo yo mi ansiedad durante 6 semanas?

jueves, 10 de febrero de 2011

Alargando una falda con papel de periódico

Te encantaba llamar la atención, siempre, no lo digo como crítica sino con admiración. ¡Qué divertida eras!.
Debía correr el año 1928, quizás 1930, no más. Ese día, desayunando, el tazón de leche cayó sobre tu uniforme del colegio y en aquellos tiempos nadie tenía dos uniformes. Tu madre, Joaquina, buscó en tu armario una falda, lo más discreta y parecida al uniforme posible y cuando la encontró sólo tenía un problema, era un palmo más corta que la del uniforme.

¡Bendito sea Dios, muchacha!, ¿cómo vienes así de corta?, te preguntaron las monjas alarmadas con semejante descaro.

No se les ocurrió otra cosa que coserte a lo largo de todo el bajo de tu falda una tira de papel de periódico hasta igualarla a la de tus compañeras. ¡Arrea, qué idea!. Riendo sin parar decías que cuando caminabais por los pasillos para ir a misa lo hacías de manera que el papel sonase mucho y tus compañeras no pudieran parar de reír.
Siempre lo contabas y en tu cara casi podía ver la escena completa.
Seis años sin ti Pepa, te quiero.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Al perro flaco…

Me parece que para esto no hay parche que valga.
¡He recibido la primera multa de mi vida como conductora!. Como media no está mal, 1 en 18 años…
No puedo decir que no es mía, es que sé sin mirarlo hasta la hora en que me la pusieron, no podría olvidarlo.
Ya os conté que el jueves después del puente de Diciembre pasé la noche en urgencias con mi sol y su otitis.
Cuando nos dieron el alta, el viernes día 10 de Diciembre a eso de las dos de la tarde le dejé en casa y me fui a la farmacia 24 horas más cercana a mi casa a por el antibiótico.
Sobre las 2:30 dejé parado mi coche en doble fila, con los intermitentes encendidos y bajé corriendo a por el jarabe, fueron tres minutos mal contados que el ayuntamiento valora en 200 euros. Voy a demostrarles que soy buena y se los voy a pagar ya mismo, así me costará “sólo” 100.
Pero eso no es lo peor. Si me llega hoy la multa del 10 de Diciembre, ¿cuántas más me pueden llegar?, porque os aseguro que no fue esa la única vez que fui a la farmacia a deshoras.

martes, 8 de febrero de 2011

Parches

Voy echando parches a mi estado anímico.

Se que no es la solución, pero mientras la busco con ahínco con ayuda de mi familia y de la psicóloga de la AECC uso estos parches para ir tirando.
Voy poniendo mi ilusión en pequeñas cosas, bueno, a veces no tan pequeñas: hacer un pastel diferente con mis hijos (y no probarlo), poner una nueva estantería llena de cajas para ordenar (y usarla), recortar unos vaqueros viejos para hacer un bolso (e intentarlo).
Pruebo también con mi físico, cambio el peinado (aunque no el color de mi pelo) o la forma de maquillarme (soy muy pinturera y me encantan los potingues).
Mi ilusión (vana) más antigua es buscar una casa en la playa para ir de vacaciones. La busco, la encuentro y una y otra vez la ilusión se va. Las cuentas no salen, el momento no es el adecuado y por si fuera poco he aprendido que el futuro llega como mucho al día de mañana y no hago planes más allá.
El caso es que, como soñar es gratis, me regalaron un cuadro de lata, imitando un antiguo anuncio de Coca-Cola y pensé que colgado en la cocina de mi casa de la playa quedaría precioso. Llevaba guardado en un armario desde hace la torta.
Como es más que probable que nunca tenga una casa en la playa le he buscado un sitio en mi cocina.


Ahí está, colgado, otro parche más.

martes, 1 de febrero de 2011

La Parca


Acechando tras una curva en la carretera, cómplice de un descerebrado que no sabe que el alcohol y el volante no son buenos compañeros de viaje.
Aprovechando un descuido de alguien, posiblemente un trabajador que mientras limpia el vaho del cristal no se da cuenta de que un niño de dos años cruza la calle por un paso de cebra, confiado de la mano de su abuelo mientras su madre camina dos pasos por detrás.
Agazapada tras lo que parece un virus que se traduce en una aplasia medular aparentemente sin importancia.
Cuántas formas adopta la Parca para impedir que aquello que tiene que ser lo natural no ocurra.
Y yo sólo puedo pedir un deseo sólo uno, el que me martillea la cabeza, sólo ese, no morir después que ninguno de mis hijos.
Otra vez la Parca ocupa demasiado espacio en mi pobre cabeza.