De verdad me gustaría. Quisiera pensar que en algún momento todos vamos a tener lo que merecemos y luego me asaltan las dudas de si merecemos lo que creemos merecer. Soy todo dudas.
Aún no hemos llegado a mitad de abril y ya se me está haciendo largo. Sólo espero llegar al 30 entera para poder celebrar el cumpleaños de mi Sol como a él le de la gana.
He pasado unos días en la playa, en la playa de lejos, porque madre mía que frío y que viento. He desconectado a ratos. Me llevé muuuuucho trapillo y tejí una cesta enorme para la ropa sucia. Han sido días tranquilos, me hacían falta. Unos días antes tuve la increíble oportunidad de montar en ambulancia para acompañar a mi padre con una subida de tensión, por suerte se quedó en nada pero a mi me bloquea, me bloquea ver como son cada vez más dependientes y vulnerables. No quiero llegar a mayor, no quiero.
En fin, que los días de vacaciones fueron tranquilos, la vuelta no tanto, hay momento en que estoy hasta los cojones de templar gaitas, sí mamá, ya se que cada día hablo peor, lo siento. Hago mil equilibrios para que todo fluya en casa, para que nadie se enfade, para que cada cual tenga lo que quiere, con mis hijos, mi contrario, mis padres... y es agotador.
Por si el día a día no es más que suficiente, este martes operaron a mi padre de cataratas, es mal enfermo, no puede parar quieto, a eso le sumas que mi madre tenía sus médicos y que a mi garbanzo le operaron ayer para quitarle una placa que le habían puesto el año pasado cuando se rompió la clavícula. Todo bien, por suerte pero estoy tan cansada...
No quiero entrar por aquí para quejarme, pero es que esto es mi día a día y yo me sigo preguntando quien coño inventó lo de la zona de confort y quien sigue sin devolverme la mía.
En fin, que por aquí seguiremos, por cierto, ¡me he pintado las uñas!, creo que hacía más de un año que no me las pintaba.