
Pero claro, pensar que después del 31 ya no me queda nada que celebrar en casa no va conmigo.


Cuenta que cuenta, pensé que con 4 roscones tendríamos, uno grande, de kilo sin nada, y los otros tres de medio kilo, de nata, trufa y crema.
La cita era a las 6 de la tarde el sábado 4, pensé que el 5 era más lio para todos y así lo propuse. Llegaron puntuales, menos los tíos que avisaron de que llegarían tarde y para que no hubiese error alguno mi Hada hizo un cartel para la puerta.
Desde media mañana empezamos a poner la mesa y saqué mi tetera, su tetera, y así rodeada del chocolate brilla como una estrella.
Lo pasamos estupendamente, hubo chocolate y roscón para dar y tomar y para desayunar el día 5 también.
Poco a poco la gente se fue retirando, pero los piratas de mi amiga se liaron con mis duendes y con la Wii U que había traído Papá Noel (eso da para otra entrada) y empalmamos con pizzas para cenar, nos dieron casi las 2 de la mañana, ¡tan ricamente!.
El día 5 recogí, pasamos un día tranquilísimo y nos preparamos para recibir la visita de los Reyes con todo el ringorrango que ello merece.
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