Hola

Quiero daros la bienvenida a todos los que estáis aterrizando en el Reino de la Mermelada por primera vez. Esta es una ventana abierta a través de la que podéis asomaros a lo que es mi día a día. Si llegáis aquí buscando respuestas o información sobre la leucemia infantil, que sepáis que las respuestas están en vosotros mismos, yo sólo puedo compartir las mías. Agarraos fuerte que vienen curvas.

martes, 7 de septiembre de 2021

Ayer no sonó el despertador (y hoy, tampoco)

 ¡Cuanto tiempo!

Lo siento, de verdad, no puedo echar la culpa a nada ni a nadie, sólo que los días pasan volando y por las noches pienso que tengo este jardin abandonado y no quiero.

Pues no, ayer no sonó el despertador. Y la cosa es que, a partir de ahora el que suena es el de mi contrario y la que salta de la cama soy yo.

Soy oficialmente parada.

No es fácil, empecé a cotizar a la seguridad social el 7 de enero de 1994, así que echad cuentas..., jamás he estado parada y me cuesta. Pero tenía que ser así. El acoso era tremendo, mi salud mental estaba (está) más o menos controlada pero, lo que no sale por un lado, sale por otro. dolores de estómago, de cabeza, de articulaciones, en la espalda, contracturas...

Cuando empezaron a salir los ere de los grandes bancos vi mi oportunidad. Así fue, lo solicité y, no sin puteo adicional, conseguí salir. Ayer hubiera sido el día de mi regreso de vacaciones y... fue un día muy raro.

Tengo la necesidad de no parar, no se si para demostrarme que puedo seguir activa o para no pensar, pero os aseguro que cuando me metí en la cama anoche estaba destrozada.

Tengo mucho que organizar, para empezar tengo que reorganizar mi vida con un hijo fuera de casa. Efectivamente, mi Hada voló a finales de agosto, para cuatro años si no lo alarga, a estudiar a EEUU, esa es otra aventura laaaaaaarga de contar.

Pues eso, que mi Sol y mi Garbanzo empiezan mañana el colegio y tendré la inmensa suerte de poder llevarlos, voy a quedarme de momento con eso, no quiero pensar demasiado.

Y como no se dónde encuadrar esta entrada, voy a empezar una etiqueta nueva, la voy a llamar "Mi vida después", espero seguir regando este jardín.

domingo, 17 de enero de 2021

Navidades de Covid 2020




 No, no, no os preocupéis, en casa estamos todos bien, pero esta ha sido una Navidad muy distinta y no para bien.

Yo soy de las que piensa que la Navidad es una época para disfrutar en familia, entendiendo por familia a aquellos más cercanos a mi, mis hijos, contrario, mis padres, la otra abuela de mis hijos, hermanos y sobrinos y amigos que son más que amigos.

Ea, pues no, no se puede. Que lo entiendo y lo comparto, que esto está muy feo y lo último que quiero es que nadie se contagie por mi culpa. Aún así, el espíritu navideño me invade. Desde primeros de Diciembre lo adorné todo. Este año he incluído en mi decoración velas aromáticas con olor a jengibre y canela, que me chiflan, el resto de mi familia las aborrece...

Os podéis imaginar que no hemos salido de casa, eso no me importa, lo que me dio rabia fue recortar los comensales y eso que tengo que confesar que incumplimos la norma

En Nochebuena vivieron a cenar mis padres, como siempre. Éramos siete, pero claro, no era cuestión de dejar a uno fuera. Mi hermano cenaba con sus suegros y la opción era que se quedasen solos. Ni hablar, así que les dije que vinieran abrigados y cenamos con la ventana entornada.

Fin de año me dio mucha rabia. Siempre vienen mis padres y la otra abuela de mis hijos, pero ya éramos ocho y de tres grupos distintos, con personas de más de 75 años me pareció una irresponsabilidad. Mi hemano pudo venir esa noche y fue la otra abuela de mis hijos la que vino a cenar, también con todo ventilado.

No fui demasiado original con el menú. En Nochebuena, además de los aperitivos hice sopa de pescado y muslos de pularda rellenos. De postre, compota de navidad y friffles que hizo mi Hada.

En Nochevieja, además de los aperitivos, el menú se compuso de sopa de cebolla y patatas a la importancia. De postre hice tronco de Navidad, como siempre, pero este año, sólo uno, para qué más.

Si os soy sincera, lo que más, más, más pena me ha dado es no poder hacer mi tradicional merienda de chocolate con roscón, creo que es la primera vez en mi vida que no lo hago, bien en casa de mi abuela cuando era niña, bien en mi casa cuando heredé el honor de poder organizarlo. Me queda esa espinita.

Y poco más, este año, como la cosa ha sido tan mala, mi vela por los que faltan fue más grande y también con ello pude ser consciente de lo afortunada que soy.

Tengo miedo con esto del Covid, por mis padres sobre todo, intento hacer una vida lo más normal posible pero eso, con la que está cayendo, es difícil.

jueves, 14 de enero de 2021

Finalizando un año muy distinto

 Podría decir que no encuentro tiempo para escribir, pero lo cierto es que me cuesta encontrar la fuerza y la motivación.

Se acabó 2020, se acabó un año que, en su inicio, creo que nadie podía imaginar en qué iba a derivar. Tengo que deciros que, con altibajos, no fue un mal año para mí. Teletrabajar desde casa, pasar tiempo con mi familia y poner remedio a mi kilos de más ha ayudado bastante a mi cabeza. ¡Menos mal!

Digo eso porque las cosas en el trabajo volvieron a ponerse feas a finales de Julio. Sin ton ni son, un día me "indicaron" que mi puesto de trabajo cambiaba y que ese cambio traía consigo un maravilloso cambio de horario, con jornada partida y salida a las siete de la tarde.

Supongo que si hubiera tenido 20 años y ganas de progresar me hubiera callado, agachado la cabeza y dicho que sí, pero no es el caso. Resulta ser que para poder llevar a cabo esa "modificación sustancial de mi contrato de trabajo" debe ser con mi consentimiento firmado. Pues va a ser que no.

Empezaron con amenazas (el abogado que me busqué dice que un juez conservador podría decir que son meras advertencias...). Me mantuve firme, les dije que si me querían cambiar de oficina, siempre que cumplieran con las condiciones de mi contrato, no tenía nada que decir, pero que más allá de eso no estaba dispuesta a nada más.

Antes de las vacaciones esas amenazas fueron insistentes pero siempre de manera telefónica para no dejar nada escrito.

Me fui con mal cuerpo de vacaciones, volví y, como si nada, ni palabra. Bueno, pues justo al día siguiente de mi entrada anterior recibí por correo electrónico la "recomendación" por escrito diciendome que tenía que elegir entre 4 destinos. El más cercano a 65 km de Madrid y el más lejano a 185 km...

¿Os imaginais el ataque de ansiedad?, malo tener que hacer 130 km a diario, pero casi 400 es implanteable. Eso me suponía un cambio de lugar de residencia.

Por supuesto me insistieron en que contestara de manera inmediata, no más tarde de 11 de Septiembre.

El abogado me dijo que contestara, pero especificando claramente que cualquiera de esas opciones suponía un incumplimiento de mi contrato de trabajo y, preferiblemente, sin elegir, no fuera a ser que "consideraran" que era una aceptación.

Claro, eso tiene doble filo, si te decantas por 65 km es asumible, pero más...El caso es que si no decides ellos pueden hacerlo por tí, aunque sea ilegal y si te niegas a incorporarte a tu puesto de trabajo te despiden por incomparecencia. Es decir, te vas a tomar por culo de tu casa y desde allí les pones una demanda. Eso sí, mientras sale la demanda, que puede tardar hasta un año te quedas allí "living la vida loca", sin hijos, sin marido, planazo total.

Me dieron baja médica por ansiedad.

Y pasaban los días y ninguna noticia. De pronto me llama una chica que conozco y me dice "tía, tía, tía, que te vienes a mi oficina"..., esa fue toda la comunicación oficial que tuve.

Le pedí a ella, a su superior, a personal, a todo el mundo que me lo confirmaran por escrito y la respuesta fue la callada más absoluta.

A través de algún compañero me enteré que en el organigrama me habían cambiado de ubicación. A falta de otra cosa, eso puede considerarse "oficial".

He estado tres meses de baja y me incorporé el 16 de Diciembre. Tal y como me recomendó mi abogado les comuniqué a los de mi oficina original, a los de la nueva, y a los de personal que no tenía otra intención que dirigirme al puesto de trabajo del que salí y que una vez alli, imprimiría el certificado de puesto de trabajo que me permitiera desplazarme a la zona que tocase sin miedo a multas por el confinamiento.

La vuelta fue gloriosa, la directora de mi antigua oficina me dijo que me tenía que ir y que donde fuera o no, no era asunto suyo.

En la nueva oficina, que cumple los requisitos especificados en mi contrato, lo primero que me comentaron es que tenía que coger todos los días de vacaciones que me quedaban, así que volví del 16 al 18 de diciembre y el 4 y 5 de Enero, el resto, hasta mañana, vacaciones.

Y yo ya paso, no puedo ni quiero empastillarme más, haré lo que pueda y no permitiré que el trabajo siga amargándome la vida.

Fácil de decir, verdad, llevo 4 meses sin pegar ojo.


domingo, 6 de septiembre de 2020

Vuelvo a reconoceme

 Es cierto que esta pandemia, a nivel general no ha traido nada bueno. No se si de esta crisis económica saldremos antes de cinco años, lo que creo es que, de la crisis médica, saldremos antes (los que tengan la suerte de salir).

Pero dejando a un lado esto, que es lo verdaderamente duro, para mi, ha tenido grandes ventajas. He aprendido a teletrabajar, siempre me pareció poco agradable para mí y ahora tengo que decir que me veo en ello.

Estar en casa, con mi familia, todos juntos, me ha encantado. Es verdad que el caos con mi teletrabajo, el de mi contrario y los tres duendes conectados era demasiado, la wifi no daba para todo

Como la mayoría, entré en una espiral de "tareas domésticas" de esas que vamos postergando. Empecé por lavar las cortinas de toda la casa. En realidad era una excusa porque sabía que los armarios me harían ser consciente de mi realidad.

A primeros de Abril me decidí... mas o menos. Empecé con los armarios de los chicos y el de mi contrario, sabía que el mío era peligroso

Efectivamente

Era consciente de que desde hace 6 años mi peso se había disparado, pero claro, probarme la ropa de más talla que me había comprado el verano pasado y ver que no me la podía meter me hizo entrar en barrena. Empecé por mi cuenta, como siempre, y algo bajé, poco.

Mi querida Lamar me había insistido en una asesora dietética que a ella le había ido bien. Decidí darme la última oportunidad, me prometí a mi misma que si esta vez tampoco funcionaba, sería una gorda feliz y punto.

Estoy muy contenta. desde mediados de Mayo a hoy he perdido diez kilos. ¡¡¡¡Diez kilos!!!.

Ahora la ropa del verano pasado tampoco me vale, pero porque me queda ridícula de grande. Y lo mejor es que, en mi desesperación regalé toda mi ropa de talla más pequeña.

Bueno, tampoco ha habido mucha oportunidad de salir este verano así que he tirado de vestidos sueltos.

Me he vuelto loca, he comprado bañadores y bikinis como si no hubiera un mañana...

Estoy muy orgullosa de mi esfuerzo, aunque haya días como hoy que lo he fastidiado pero bien, he aprendido que puedo, y que me quiero más a mi misma cuando me gusto más, así que tengo que conseguir mantenerme.

No estoy en el peso que me gustaría pero voy a ver sincera, no creo que pueda bajar mucho más, y bueno, no estoy mal del todo, para la edad que tengo claro.

Os dejo una foto, ¿un poco narcisista?, pues puede ser, pero que valga por todos los helados que no me he podido comer...

sábado, 5 de septiembre de 2020

¡¡Estoy aquí!!

 Lo siento, con todo lo que está pasando no debería haber desaparecido tanto tiempo.

No se por donde empezar, son cinco meses y algunas cosas han cambiado. 

Por suerte tanto mi familia como yo estamos bien, a ninguno (que sepamos) nos ha afectado este cochino virus. El caso más cercano ha sido mi hermano que lo tuvo justo antes de que nos confinasen. Él no sabía lo que era, se encontraba mal como con una gripe muy fuerte y fiebre, le duró como tres semanas. Suponía que era Covid19 porque un conocido con el que compartió partido de futbol fue de los primeros fallecidos, finalmente, en el mes de junio pudo confirmarlo. Al menos mi cuñada y mi sobrina no han dado señales de padecerlo.

La última vez que pasé por aquí estaba en casa teletrabajando, todo eso se acabó para mi el 18 de Mayo. No hubo opción, si mis hijos se tenían que quedar solos era mi problema, así que "feliz y contenta" me incorporé a mi puesto de trabajo.

Fue todo un caos. Durante el tiempo que yo estuve en casa la persona que me ayuda venía dos veces a la semana cuando su marido estaba en casa con sus hijos, pero a partir de Mayo que la inmensa mayoría nos reincorporamos, ya no había esa opción.

Tenía que elegir entre que mis hijos estuvieran solos y yo hacer de ama de casa en doble jornada o pedirle a mi segundo par de manos que viniera..., eso sí, con sus dos hijos, porque no tenía con quien dejarlos. Esa fue la opción, por supuesto acordada con ella. El horario, algo aleatorio, dependiendo un poco del ritmo de sus hijos, entrada cuando pudiera y salida cuando ya estuviera hasta el gorro. Ni os imagimáis el follón, no es lo mismo cinco personas comiendo todos los días en casa que ocho, así que no daba abasto a hacer compra.

Tengo que decir que, aunque para ella ha sido agotador, al menos los chicos han estado todos contentos y atendidos.

Todo eso es lo que se refiere a la organización doméstica.

Mis hijos terminaron estupendamente este curso tan, tan raro, aunque con muchas cosas inconcretas. Por ejemplo, mi hada tenía el examen del SAT (la selectividad americana) el 2 de Mayo y como se suspendió ahora la tiene el 3 de octubre, que debería haber sido su segundo intento, así que las posibilidades se reducen.

Pero bueno, nos fuimos de vacaciones, yo tenía verdadera necesidad de ver el mar. Salimos para Benidorm el 2 de Agosto y estuvimos hasta el 11. Aunque es una verdadera lástima para la economía de la zona, tengo que decir que jamás había visto aquello tan vacío. Estuvimos tranquilos, disfrutamos de la playa y de largos paseos, poco más se podía hacer.

De ahí nos fuimos a la Costa Brava. Ahí el gentío era muy superior y el desorden en la playa manifiesto, así que ibamos, nos dábamos un baño y nos subíamos a la piscina sin sentarnos siquiera.

Fuimos a jugar al golf, también a pasear, una noche a cenar y poco más. El 23 por la noche llegué yo sola a Madrid para reincorporarme y el fin de semana siguiente volví y ya estamos todos en casa.

No ha sido mal verano, raro sí. Ver a todo el mundo con las mascarillas por todos lados tiene algo de apocalíptico.

Tengo alguna que otra novedad, pero la voy a dejar para la siguiente entrada, espero tenerla lista hoy o mañana. Gracias por seguir ahí

domingo, 5 de abril de 2020

Encerrados, día 5 de Abril

Seguimos bien, la verdad es que decir eso ya significa mucho
Las rutinas son cada vez menos rutina y el caos va avanzando posiciones. Los horarios se relajan tanto que a veces siento que la siesta se va a juntar con la hora de irse a la cama, claro que como ahora nos vamos a la cama casi a las 2, intentamos que eso no llegue a ocurrir.
De lunes a viernes, al menos yo, mantengo unos horarios razonables. A las 8 tengo que estar conectada a mi puesto de trabajo, con los duendes ya es otra cosa. Hasta la semana pasada han tenido clases on line, veremos ahora con la semana santa.
Pero todo es caótico, la limpieza, la organización de los menús, la pelea por el mando de la tele.
Por eso digo que seguir bien de salud y sin que nadie le haya sacado un ojo a otro de un puñetazo es un gran avance, no se lo que podremos mantener esta calma.
Sigo echando mucho de menos a mis padres, y eso que hablo con ellos tres veces al día, algunas por video llamada. Pero es rarísimo ir a dejarles la compra y no poder achucharlos, recuerdo su olor, pero no es lo mismo.
Y mientras la vida sigue, la glicinia ha florecido, está preciosa y en casa hemos plantado guisantes y judías verdes, verlas crecer hace que nos demos cuenta del paso de los días.
Y mientras el miedo al "después" que es lo que más me atormenta, la debacle económica será casi peor que la sanitaria, y para eso, tampoco estamos preparados.
Hoy hace sol.

lunes, 23 de marzo de 2020

Encerrados, día 23 de Marzo

Sinceramente, era de las ingenuas que pensaban que esto no llegaría, me equivoqué.
Todo me parecía exagerado, me equivoqué.
Confié en que a España no llegaría tan fuerte, me equivoqué.
Pero sobre todo me equivoqué al pensar que, ya viendo la ola llegar, la gente se quedaría en casa y no iría a manifestaciones ni a mítines. Se puede ser confiada pero no suicida.
Las manifestaciones del día de la mujer me parecieron una locura. Las amigas de mis hijos colgaban fotos felices en Instagram durante las mismas y yo, no lo podía creer.
El día 9 ya la cosa empezó a ponerse fea, tanto que empezaron a mandar mensajes de que los colegios cerraban. Nos daban el martes 10 a los padres para intentar organizarnos. Otro despropósito según mi opinión. Vale que es muy difícil arreglar la logística, pero qué sentido tiene dejar un día más de riesgo. No lo veo.
Mis duendes fueron al cole el martes y la idea de tener unos días "libres" hasta les gustaba.
Yo trabajo en eso que llaman "servicios esenciales", así que nada, a trabajar, mi contrario se las arreglaba para entrar y salir de casa mientras yo llegaba los dos primeros días, luego, como él sí tuvo que dejar de trabajar, ya no había problema.
El miércoles, cuando llegué a casa a las 3 y media y me encontré a cada uno de mis hijos tirado en un sofá lo vi claro, una cuarentena sin tener donde sentarme, ¡ni loca!. Esa misma tarde entré en IKEA y compré un sofá básico, lo trajeron el sábado 14.
Ese primer fin de semana no fue tan mal, hacía sol y los chicos podían jugar al pin pon fuera y yo barrí las hojas del jardín y lo dejé todo cuqui.
El lunes 16 al llegar al trabajo me soltaron un "coges el ordenador (de sobremesa, con monitor, teclado y demás) y te vas a casa ¡ya!". El "ya" no pudo ser hasta el martes porque ni los dispositivos ni las conexiones estaban preparadas para teletrabajar. El martes a media mañana llegué a casa con todos los aperos.
Monté la oficina en la habitación de mi Garbanzo pequeño, así que le desalojé y lo mandé a dormir con mi Sol, a las 8 ya estoy conectada.
Trabajar en casa es raro y sobre todo muy difícil en un trabajo comercial, no valgo para ello. Pero si hay que hacerlo, se hace, por mí que no quede. Lo que me dicen hago, a mi manera y con mi ética. No me sale llamar a los clientes para tranquilizarles y "ya, de paso" decirles que un segurito de decesos les vendría bien, por si acaso...
No se lo que va a durar esto, el teletrabajo, me refiero, al menos esta semana, la siguiente no se si me toca rotar turno con alguien y volver.
No sé qué pensar, airearme me va bien, pero empiezo a tener mucho miedo, por mis hijos, pero sobre todo por mis padres.
Los echo mucho de menos y eso que hablo con ellos no menos de tres veces al día, por la noche solemos hacer video llamada para vernos.
Se me hace muy raro, el sábado fui a la compra, a mediodía, a las 3 porque pensé que habría poca gente, así era. Me habían hecho una lista con cuatro cosas que necesitaban, yo cargué a tope, cinco en casa para comer y cenar es mucho. Me dio mucha pena llevarles la compra y no poder abrazarles, me llevé las llaves de su casa para que no tuvieran que tocar nada, abrí la puerta, ellos se asomaron y allí les dejé todo, se me saltaban las lágrimas, ya os he dicho muchas veces que estoy muy apegada a ellos.
Tendrá que ser así, es lo más prudente.
En fin, que aquí estamos, bien de salud, los chicos deseando ir al cole y yo pensando en que como esto no acabe pronto cuando quiera salir por la puerta no voy a caber...
¿Qué tal estáis vosotras?