Hola

Quiero daros la bienvenida a todos los que estáis aterrizando en el Reino de la Mermelada por primera vez. Esta es una ventana abierta a través de la que podéis asomaros a lo que es mi día a día. Si llegáis aquí buscando respuestas o información sobre la leucemia infantil, que sepáis que las respuestas están en vosotros mismos, yo sólo puedo compartir las mías. Agarraos fuerte que vienen curvas.

viernes, 9 de mayo de 2014

Las Tablas de Daimiel

Salimos de Granada después de disfrutar de un fantástico desayuno y recoger nuestras cosas, sin prisa. Queríamos llegar a casa el sábado para celebrar el domingo, día de la madre, con tranquilidad.
Enfilamos hacia Almagro, no nos suponía mucha desviación desde la autovía y yo no lo conocía. Llegamos justo a la hora de comer, lo cual estuvo genial porque en la placita, al sol picoteamos cosas típicas y comimos estupendamente, pero claro, a mediodía estaba todo cerrado, y salvo la plaza poco pudimos ver.
Después de comer y descansar tomando un helado en la plaza de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves seguimos a las Tablas de Daimiel.
Mi contrario se empeñó y yo iba un poco recelosa, había ido una vez, cuando tenía como 16 años y los que allí había era un secarral tremendo que me defraudó, pero no quise ser agorera.
¡Menos mal!
Está estupendo, han hecho un centro para visitantes que te da una idea de lo que puedes ver. Los guías nos dijeron por donde empezar a caminar y poder ver patos en la laguna de aclimatación, no sabéis lo que disfrutó Garbanzo, que le encantan los bichos. Luego seguimos por la senda amarilla que se va adentrando en los humedales a través de puentes tendidos sobre ellos hasta llegar a un
mirador de la Isla del Pan. Vimos libélulas de colores, carpas a montones, ranas, cigüeñas, patos, lo disfrutamos mucho, aunque hacía calor.
Ya, hacia las 6, volvimos al coche a hacer del tirón las dos horas que nos quedaban para llegar a casa.
La verdad es que nos salió un puente redondo y eso que, como ya os comentaba, mi precipitación continua me hizo pensar en un desastre. Ahora me encuentro con energías renovadas como para trabajar el día 16 después de ponerme morada de rosquillas del santo el día 15.

martes, 6 de mayo de 2014

Granada, el que algo quiere…

No tengo remedio.
Ya os conté que me llaman “la precipitada”, mi Hada me dice “mami prisas” y yo me veo corre que te corre todo el día, como gallina sin cabeza y sin ser capaz de parar.
Tenía muchas ganas de salir de Madrid. Lo de quedarme la semana Santa sola aquí con los niños, a pesar de que lo pasamos estupendamente, me había dejado con las ganas de hacer algo distinto.
Para ser sincera os diré que mi primera idea era coger el puente de San Isidro, que al ser fiesta sólo en Madrid capital y ser lectivo el viernes, creí que saldría menos gente. Pero yo propongo y tooooooodos los demás disponen.
Empezó el padre de las criaturas a decir que para él el día 15 era laborable como uno más, porque parte de su trabajo es fuera de Madrid capital. A eso le añadimos el soberano enfado de mi Hada porque en su cole aprovechan el día 16 para hacer la carrera contra el hambre y ella quiere participar, así que empecé a desinflarme.
Yo pensaba en playa, Málaga por ejemplo, o Benidorm, que es lo más fácil, sol y playa. El domingo 27 de Abril, acostada con mis duendes como cada noche, mi Hada dijo que ella donde quería ir era a Granada…
Manos a la obra, esa misma noche, por internet no fui capaz de encontrar alojamiento, pero el lunes por la mañana a primera hora y por teléfono sí. Conseguí dos habitaciones (contiguas al menos, lo de comunidades quedaba pendiente de disponibilidad) en un hotel céntrico. Una vez confirmada la reserva me puse a buscar las entradas para la Alhambra.
¡¡¡¡¡Seré imbécil, pensaba yo que allí iban a estar las entradas esperándome a mí!!!!!
Por ningún lado encontraba entradas, estaban todas vendidas hasta mediados de Junio. Las busqué a través de agencia, con guía, pagando hasta 50 euros por entrada y ni por esas. Llamé al Patronato de la Alhambra y me comentaron que hay un mínimo de las entradas diarias (8.000)  de un 10%, que necesariamente se vende en taquilla para el mismo día y que madrugando se podían conseguir.
Los fuimos el jueves, por la mañana, a la misma hora que todo el mundo y claro, nos chupamos dos horas de atasco.
Llegamos al hotel, nos refrescamos un poco y ale, a la calle. Fuimos a la catedral,  a la capilla Real donde están enterrados los Reyes Católicos. A mí me pareció emocionante pensar que estaba delante de los restos de aquellos que habían sido tan grandes, pero mi  Hada se moría de miedo. Después, en autobús, subimos al mirador de San Nicolás en el Albaycín, precioso y luego bajamos dando un paseo la mar de agradable.
Cenamos en una terraza con una temperatura increíble.
Las toses de mi Hada me despertaron a las 5, pero a esa hora me parecía muy pronto para ir a la taquilla de la Alhambra (luego me arrepentí profundamente). A las 6 ya estaba vestida y cambié a mi Hada a la habitación de los chicos, efectivamente, las habitaciones no eran comunicadas, volví a sentirme “apestada”.
Cuando llegué a la taquilla a las 6:15 ya tenía como 300 personas delante.
Me tiraba de los pelos pensando que había estado dejando pasar el rato sin más.
El sistema es cruel, esperas allí, en mi caso sin poder hacer turno con nadie porque iba sola. Hablando con unos y con otros y contando y recontando las personas que tenía delante y pensando que como cada una cogiera 3 entradas, no me llegaban. Por suerte, la mayoría esperaba con la idea de coger su entrada y pasar, vamos, que no iban como yo a comprar entradas para toda la familia. Un cuarto de hora antes de las 8, en que abren la taquilla, en una pantalla se publican las entradas disponibles para la venta y los turnos: no llegaban a 300 las del turno de mañana, alrededor de 250 para la tarde, 10 para el turno de noche y otras 300 sólo para Generalife y jardines. A esa hora ya había más de 3000 personas haciendo cola.
Abrieron la taquilla y con un vigilante asistiendo al turno íbamos pasando, que estrés, según las entradas se venden se van descontando de la pantalla y ves como tus posibilidades se reducen. Pero la conseguí, cinco entradas para turno de tarde de 2 a 8 con entrada a las 4 para ver los palacios Nazaríes, casi lloro de la emoción.
Volví al hotel a desayunar y de ahí nos fuimos a la basílica del Sacromonte, que nos encantó, bajamos paseando directos a comer prontito y a las 2:30 entrábamos a la Alhambra. Maravillosa, qué listos eran estos moros nuestros…
Salimos a las 8, reventados de caminar pero felices y nos fuimos a la plaza a cenar.
Misión cumplida, volvimos a casa el sábado, haciendo una parada intermedia que os contaré en el siguiente post.

lunes, 5 de mayo de 2014

Qué difícil es amar sin ser amado

Entregar todo y recibir nada a cambio, es la constante de aquellos que aman sin ser amados, quienes entregan todas sus ilusiones y sueños, quienes no controlan sus sentimientos y de aquellos quienes día a día ven derrumbarse las esperanzas de ser felices algún día. Alguien me dijo alguna vez que amar es el sentimiento más hermoso que hay en el mundo, por supuesto siempre y cuando ese amor sea correspondido, cuando no solamente des, sino también recibas, cuando te sientas parte indispensable de su vida.
Ciertamente es muy difícil amar sin ser amado, intentar con todas tus fuerzas compartir y ir de la mano. Tristemente para ti, en el corazón no se manda, no puedes simplemente dejar de amar de la noche a la mañana, así no funcionan las cosas, el corazón sigue amando a pesar de que no ser correspondido; quizás sea algo incomprensible, pero es así, hagan lo que hagan, lo rompan en pedazos o jueguen con el, el corazón nunca dejará de amar.
¿Qué hacer entonces con ese amor que vive en ti y que para sus ojos pasa desapercibido?, ¿continuar luchando hasta que mire por tus ojos, sienta por tu piel? o simplemente hacerte a un lado y dejar que sea feliz. Si fuera tan fácil elegir, ahora mismo no estaría muriendo de dolor; pensar en no volver a ver a la persona que tanto amo, a no saber de ella, es algo que me aterra y me quita el sueño todas las noches.
¿Por qué es tan difícil para algunos intentar ser felices?, ¿por qué se encierran en la negatividad y no abren su corazón a la alegría y el desenfado?, ¿por qué todo tiene que ser siempre tan superficial?, ¿por qué es que siento que estoy soñando, cuando claramente estoy despierto? que difícil es amar sin ser amado.

miércoles, 30 de abril de 2014

Quisiera...

Quisiera poder dormir cada día hasta despertar por mi misma. Si soy sincera, nunca me levanto tarde, como tarde, tardísimo a eso de las nueve y no me parece mala hora.
Quisiera desayunar sentada, no me malinterpretéis, no es que las sillas desaparezcan de mi cocina a horas tempranas, es que tomo un yogur mientras se hace el café, de pie.
Quisiera no ir mirando el reloj del coche cada vez que uno de los semáforos que encuentro en mi camino se pone en rojo.
Quisiera no tener que mirar con alivio el paso por el torno de la oficina, siempre antes de las ocho de la mañana, que es mi hora límite de entrada.
Quisiera no correr a la hora de salir, no correr al súper para hacer la compra deprisa, que siempre me olvido algo.
Quisiera que la comida, además de sentada, fuese reposada.
Quisiera que el trayecto al cole a por mis hijos no se convirtiera en un enfado continuo con otros conductores que ni ven ni entienden de rayas que separan carriles, que ni ven ni entienden de velocidades de circulación recomendadas y que ni ven, ni entienden, ni ciertamente tienen por qué
hacerlo, que yo tengo prisa por llegar.
Quisiera que mis hijos entendieran, pero que lo entendieran de verdad, que ya mamá hace un gran esfuerzo, económico y laboral para "pagar" el derecho de ir a buscarles cada día y que no me preguntasen por qué no puedo llevarles al cole también por la mañana.
Quisiera poder sentarme, pero sentarme con la cabeza reposada, a la vez que el pandero y tener tiempo de hacer simplemente "nada".
Quisiera no estar a punto del ataque de nervios continuo.
Quisiera controlar la ansiedad que el tiempo me origina.
Quisiera vivir despacio.
Quisiera..., tener más tiempo de pensar qué es lo que quisiera...

martes, 22 de abril de 2014

Semana Santa de pasión (por mis duendes)

Todo llega y todo pasa (vaya creo que este principio ya lo he utilizado en otros post, me hago mayor...).
Desde el día de Reyes esperando un nuevo descanso y ha durado menos que un pastel en la puerta de un colegio, aunque quizás sería mejor decir que ha durado menos que una fuente de torrijas en mi casa.
Esta ha sido una Semana Santa del todo atípica. No he tenido ni un sólo día adicional a los oficiales, tengo pocos días laborables de vacaciones y los reservo todo lo posible para verano y Navidad. Además he estado de madre soltera desde el miércoles pasado por la mañana (de hecho aún sigo ejerciendo de papá y mamá), mi contrario está de viaje de negocios "ineludible" (entre esas comillas hay mucha mala leche por mi parte), pero las cosas son como son y yo no puedo cambiarlas.
El bendito viaje estaba previsto desde hace meses, así que tuve tiempo de planificar y pensar. No tenía muy claro qué hacer, desde siempre, estos días solemos pasarlos en la playa, bien en levante con los santos padres (los míos) bien en la Costa Brava con la otra familia. Claro que no es lo mismo ir los cinco que pensar en chuparme yo el atasco el miércoles por la tarde para volver a soportarlo de vuelta el domingo. Miré billetes de tren, pero entre los días que eran y que luego tenía que alquilar un coche me salía por la torta, así que nada, plan urbano a tope.
Pregunté a los chicos qué querían hacer y para una vez que se ponen de acuerdo sin discutir no voy a ser yo la que ponga la nota discordante: querían ir al parque de atracciones y al zoo, así que pensé que por comodidad lo mejor era sacar el Bonoparques, que vale para Zoo, Faunia y Parque de atracciones. No es barato pero en cuanto vas cuatro veces lo has amortizado.
Lo saqué por internet el martes por la tarde y según llegué de trabajar el miércoles los chicos ya estaban preparados para ir a recogerlo y estrenarlo.
A las 4:30 de la tarde entrabamos al parque de atracciones para salir a las 9. El jueves el plan era comer allí. Llevamos la merienda y todo y a eso de las 12 de la mañana ya estábamos atascados en los túneles de la M-30, ¡qué mogollón de gente!. Pasamos un día estupendo, montamos hasta en las montañas rusas de agua.
El viernes dormimos un poquito más. Pensamos en comer en casa y luego ir al Zoo por la tarde y así lo hicimos, a las 4 estábamos en la puerta y ahí llegó la decepción. Aunque tengas Bonoparques, el jueves, viernes y sábado santo se paga un suplemento de 11 euros por persona en Zoo y Faunia, nunca se me hubiera ocurrido. No nos merecía la pena pagar para estar un par de horas, así que volvimos al parque de atracciones por tercer día consecutivo.
El sábado madrugamos para llegar al Zoo a las 10:15 y pasar el día allí. Nos quedamos hasta más de las 6. Lo han arreglado mucho y está genial.
Volvimos a casa con tiempo para hacer torrijas y terminar de arruinar el descontrol de comidas de estos días.
El domingo tuvimos un día casero, hasta la tarde que mi Hada tenía una merienda en casa de una amiga, la llevamos a las 5 y la recogimos a las 9.
Han sido unos días estupendos en los que me he dado cuenta de lo grandes que están mis hijos, de que ya son mucho más responsables y que son encantadores, ya, ya sé que parece pasión de madre y seguramente en buena parte lo es, pero os aseguro que se salen.
El lunes volví a la oficina, cansada y contenta y ellos hoy han sido (por lo visto) la envidia de los amigos con tanto parque de atracciones.
Ahora tengo que planificar algo para la familia al completo, el puente de San Isidro parece la mejor fecha, al ser sólo fiesta en Madrid capital el trasiego de gente es menor. A ver si me pongo a ello...

miércoles, 9 de abril de 2014

Sangre de horchata

Me viene a la cabeza esa canción de Presuntos Implicados que decía aquello de “ay, como hemos cambiado…”.
Yo que me vanagloriaba de no haber cambiado un ápice en toda mi vida, es más, porfiaba de no haber conocido a nadie que hubiera cambiado.
¡Zas!, sopapo en todos los morros, por idiota.
¡Claro que la gente cambia, claro que cambiamos y por lo general, a peor!
Yo he cambiado mucho, en especial en estos últimos cinco años. En principio creía que sería una adaptación temporal por las circunstancias que me estaba tocando vivir, ahora veo que no, que ese cambio de actitud, sobre todo, se mantiene a lo largo del tiempo.
Me he vuelto mucho más insensible al dolor ajeno, parece un contrasentido, pero es así como lo siento. Supongo que no hago más que mirarme al ombligo y eso no es bueno, pero de momento va a seguir siendo así.
Por supuesto que he contado con muchísima ayuda, pero ayuda de quien ya me la daba antes, de quien sabía que podía contar incondicionalmente con ellos, los demás, si, bueno, han sido amables… sin más. También he conocido a gente a la que me siento muy cercana en vivencias, por desgracia, ojalá nadie tuviera que pasar por esto.
Ya no le doy vueltas al asunto, por suerte con mis dos manitas, las de mi contrario y las de la gente a la que le importo de veras sigo adelante, eso es lo que cuenta.
A esa “insensibilidad” ha habido que acompañarla con un cambio de actitud, me he vuelto muy cerrada para mis relaciones, hoy por hoy no tengo que hacer ningún esfuerzo para que la mayoría de las cosas me importen un bledo, es así, supongo que a fuerza de priorizar mi cabeza ha aprendido a hacerlo por sí misma. Esto es un descanso os lo aseguro, ya no me siento culpable por no ayudar a todo el mundo, por no estar pendiente hasta del más mínimo detalle de los demás por intentar serles útiles y estoy contenta por ello.

Pero me falta la segunda parte, he aprendido a “pasar de todo y de todos” pero no he aprendido a disimularlo, eso creo que me va a costar más, yo sólo tengo una cara, la que se ve, no tengo dobleces, de momento, que ya digo que estoy dispuesta a cambiar.
Tengo que conseguir “hacer como que” las chorradas que me toca que oír me importan. Las tonterías de aquellos que me cuentan “lo pobrecitos que son porque les duele una muela”, o “la penita que dan sus niños por esas heridas terribles en las rodillas”. Y lo mejor es que mucha de esa gente que me cuenta semejantes desgracias jamás me pregunta por mi Sol, y en pleno tratamiento sólo me decían  “esto está chupao, no ves lo bien que está”.
Vuelvo a mirarme el ombligo y, ¡coño, me encanta mi ombligo!, cuando aprenda a poner mi mejor sonrisa ante las chorradas ajenas seré una mujer completa.
Otro problema con el que aún estoy bregando es con este carácter mío. Por decirlo que se entienda soy de las que “se dispara”, hace falta tocarme mucho, pero muchísimo las narices para que te de una mala contestación, te suelte un grito o un improperio, pero, ay amigo, una vez que lo has conseguido (cabrearme de verdad) ya no hay marcha atrás y eso no puede ser.
La educación es muy importante y en determinadas circunstancias el 95% de esa educación es cinismo (no siempre, por favor, no me saltéis a la yugular todavía). Lo que quiero decir es que en ocasiones es mucho más efectivo y hace más daño decirle a alguien en tono pausado que “deje de adueñarse de objetos que no le pertenecen o que se está equivocando repetidamente en una opinión, que quizás se deba a que es mayor y la cabeza no le rige bien , quizás tanta bebida no le hace bien, o que está muy cansado y no puede razonar correctamente” que gritar “deja de decir gilipolleces que lo que estás haciendo es robar”, por poner un ejemplo.

Es eso a lo que  me refiero con sangre se horchata, eso es lo que yo quiero, que mi carácter se esconda detrás de una supuesta educación que no tengo, no quiero alterarme por nada, o al menos no quiero parecer alterada porque si os dais cuenta, tener razón o no, en el mundo de apariencias en el que nos movemos no importa, lo que importa es la manera en que las cosas se dicen.

¡Dientes, dientes! que diría una conocida folclórica, eso es lo que yo quiero.

sábado, 5 de abril de 2014

Esqueixada de bacalao

Llega la Semana Santa, las vacaciones, el conejito de pascua, los potajes y las torrijas.
Eso en Madrid, en otros sitios llegan los buñuelos y otros platos típicos.
Quizás por aquello de que hace muchos años que paso parte de mis vacaciones en la Costa Brava se me han pegado algunos de los platos que allí se toman, entre ellos está la esqueixada de bacalao, que no puede ser más fácil de hacer y más rica.


Ingredientes (como para 2 personas):
  • 400 gramos de bacalao, yo lo compro salado y lo dejo a remojo 24 horas (me gustan las cosas sabrosas quizás vosotros deberíais dejarlo un poco más)
  • Una cebolla grande, a veces la pongo de las moradas, me da igual, la que tenga por casa está bien.
  • un pimiento rojo
  • un pimiento verde, yo lo pongo de los italianos, los alargados.
  • Tomates, yo uso raft, me gustan mucho.
  • Aceitunas negras.
Preparación:
Aquí tenéis dos opciones, o lo partís todo en rodajas enteras, la cebolla, los pimientos y los tomates y lo vais poniendo por capas con el bacalao desmigado encima y las aceitunas, que queda muy de diseño pero harto incómodo tanto como para aliñar como para servir, o...
Lo partís todo en trozos pequeños y desmigáis el bacalao, todo bien mezclado.
Yo lo dejo en un recipiente que pueda tapar, dependiendo de lo salado que esté el bacalao evito añadir más sal, pero lo que si hago es poner un chorreón de aceite y dejarlo todo junto unas horas para que coja sabor.
Pues eso, que a mí me encanta, a mi y a mi contrario, los duendes es ver tanto trocito de verdura cruda y echar a correr.