Antes que nada quiero pediros que, si alguien se siente ofendido por este post, cree que se frivoliza sobre un tema que considero muy serio o por la razón que sea no considera la comparación adecuada, me comprometo a borrarlo.
Dicho esto...
A veces, incluso a mí misma, que estoy metida en harina, me resulta difícil comprender cómo he llegado al grado de hastío en el que me encuentro a nivel laboral.
A ver, visto desde fuera, lo que se ve es a alguien con un puesto fijo, lo que ya hoy en día es una inmensa suerte, con un horario estupendo, de lunes a viernes de 8 a 14:30 (vale sí, nunca salgo a mi hora, pero intento no pasarme más de 20 minutos) y un sueldo bueno, si comparamos con lo que se paga hoy en día podríamos llegar a pensar que es excepcional.
Lo que yo veo desde dentro es una carrera profesional completamente truncada, que cada vez ha ido a menos y un trabajo aburrido a tope, que no me aporta nada y, lo peor, en el que se me hostiga sin parar para que venda y venda y venda, productos que en algunos casos creo inadecuados para los clientes.
¿Pido mucho?, sí, quizás lo pido, pido un trabajo, que si no me va a aportar satisfacción personal, por lo menos no me origine ansiedad, que si no me va a hacer rica, no tenga la espada de Damocles encima de manera permanente, no quiero amenazas, veladas y directas, no quiero no dormir, no quiero...
Y ahora es cuando viene la comparativa, que me hago yo misma para intentar entenderme y que quizás pueda llegar a molestar a alguien.
Comparo mi situación con la de una mujer maltratada. Entrad en papel, una señora, casada, con una buena casa (trabajo fijo) un marido solvente que no le regatea el dinero (un buen sueldo), una posición desde fuera envidiable (¡cuantos querrían estar en mi pellejo!), pero a la que su marido (mi empresa) maltrata, golpea moralmente hasta hacerle sentirse una basura.
Pero aguanta, ella aguanta, yo aguanto, llevo aguantando esta situación 10 años, pero cada vez el acoso es mayor, ya "el marido" la desprecia en público, la empresa me arrincona donde nadie quiere estar.
Y entonces qué ¿aguantas?, mi integridad física no creo que se vea en peligro, no así la mental. No es una decisión fácil.
Te vas y renuncias a una casa caliente, comodidades, reconocimiento social, ¿a cambio de qué?. Porque suena muy bonito decir "a cambio de la libertad", pero de la libertad no se come ni da para pagar facturas.
¿Qué puede, qué puedo obtener a cambio?, quizás la posibilidad de recuperar mi auto estima, quizás la posibilidad de iniciar una actividad que me guste, pero que quizás sólo me reporte gastos.
No es una elección fácil, creo que hasta ahora no había entendido el por qué de tantas mujeres maltratadas que aguantan, ahora lo entiendo...