No cumplí mi propósito de volver antes de irme de vacaciones. Con mis duendes en casa las horas sólo duran 50 minutos.
A mi vuelta, aproveché los tres días que estuve sola en casa para volver a donar sangre. No pude. No me dejaron.
Al cuestionario que siempre hay que rellenar le sigue una charla con el médico y un control rutinario de azúcar y tensión, fue ahí donde me suspendieron.
Suelo tener la tensión baja, pero cuando me la tomaron estaba en 8 de máxima y 5 de mínima. Me preguntaron si estaba mareada, pero yo me encontraba bien, suele pasarme, a no ser que mi tensión alta no llegue a 7 ni siquiera me entero.
Otra vez mi gozo en un pozo.
Pero como soy terca hoy me he tomado la revancha, he visto una unidad móvil de donación cerca de la oficina y allá que me he ido, la tensión mejor, 10,5 – 6, así que ahora soy medio litro menos de sangre más feliz.
Al que creo que le dolerá la cabeza es al enfermero que me ha pinchado. Se ha atrevido a reconocerme que no es donante de médula, la bronca que le ha caído ha sido monumental, espero que se lo replantee.


