
Hoy, lunes de puente, día en que debería estar en casa, con mis hijos celebrando un doble cumpleaños, hoy ha sido un día de café con morriña a las ocho de la mañana.
Desde hace 12 años, cada día a esa hora tomaba café con el mismo compañero de trabajo. Esos 12 años sólo fueron interrumpidos por vacaciones, bajas de maternidad, excedencias o por la enfermedad de mi Sol, pero a la vuelta, ya desde el primer día, yo sabía que esa primera llamada de la mañana, a las ocho menos segundos era para ir a por el café.
Hoy no, y dudo que vuelva a tomar café con él, a las 8 de la mañana me refiero. Mi compañero se jubiló el viernes pasado, se fue con el portafolios vacío de trabajo y lleno de recuerdos, todos los recuerdos de 44 años de tarea en la misma empresa.
Empieza para él otra vida, feliz sin duda, con tiempo para dedicar a su mujer y a su nieta recién nacida, pero yo, os aseguro que voy a echarle muchísimo de menos, gente como él, compañeros como él me hicieron ver que del mobbing también se puede salir (en ello sigo).
El café de las 8 ya nunca será igual.
1 comentario:
Te animo a que tomes algún que otro café con ese compañero aunque sea cambiando de hora y de lugar. En el camino de la amistad no debe crecer la hierba. Besos.
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