
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Estas palabras de Jorge Manrique expresan sin duda lo que me gustaría decir.
Se llamaba D---- y tenía 34 años, hoy le han enterrado, a las 2 de la tarde. Era el marido de una, cómo decir, amiga?, no, conocida?, tampoco. P--- y yo compartíamos conciertos a los 17 y 18, ibamos a la piscina, pero nuestras vidas no se cruzaron más allá.
Se casaron hace 6 años y desde entonces quisieron tener niños. Nunca contaron nada, pero es evidente que tienen problemas para tenerlos.
El caso es que D---- tuvo un accidente estúpido el viernes, haciendo una chapuza en casa de un amigo y se mató.
Quiero ponerme en el lugar de ella y no puedo, no puedo o realmente no quiero, no quiero saber qué se siente al quedarse viuda a los 35, sin hijos, con toda una vida por delante y con el corazón vacío.
1 comentario:
Lo siento, Lou. Lo siento en el alma. Estas cosas no deberían ocurrir. un fuerte abrazo.
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